La capacidad diplomática de Bolivia es tan rústica que acudió a Brasil y Argentina, para que intercedan por ella en sus derruidas relaciones con Estados Unidos.
Brasil dejó de ser interlocutor válido desde que Lula y Ahmadineyad se abrazaron y besaron en Brasilia. Y Argentina, que estaba en su punto más bajo con Estados Unidos cuando Néstor Kirchner era presidente, descendió muchos escalones adicionales desde que la señora Fernández, su esposa, asumió el mando.
Doña Cristina sabe mucho de carteras, pero poco entiende de relaciones exteriores. Desde que los demócratas norteamericanos nombraron a su nueva embajadora en Buenos Aires, Vilma Socorro Martínez, progresista, mujer y latina, como la Presidenta argentina, para que puedan simpatizar, todo les ha salido mal.
El antiamericanismo es parte esencial del izquierdismo latinoamericano, con independencia de quién ocupe la Casa Blanca. En Argentina es más fuerte que en el resto del hemisferio, con 84% de rechazo a los norteamericanos, según el diario La Nación, lo que la convierte en el país más antiamericano después de los estados árabes.
El último choque con Washington se produjo cuando Arturo Valenzuela, chileno-americano, encargado de supervisar los lazos entre Washington y Latinoamérica, dijo que en Argentina no hay seguridad jurídica. El comentario no fue al garete. La multinacional Kraft sufrió agresivos embates sindicales por despedir empleados. Los piqueteros de profesión hacen lo que les da la gana contra cualquiera, con el consentimiento gubernamental.
Pero la Casa Rosada saltó hasta el techo por el comentario, al punto que Jorge Taiana, su ministro de Relaciones Exteriores, pidió que Washington se retracte. Demanda típica tercermundista. Los bolivianos actuaron igual antes de romper relaciones con el Tío Sam. El resentimiento del Gobierno argentino hacia Estados Unidos no es diferente al del boliviano. El primero porque se cree más, y el segundo porque se sabe menos.
Según otro sondeo de La Nación, 90% de los argentinos opina que efectivamente, no hay seguridad jurídica en la Argentina. Obviamente donde no hay seguridad jurídica tampoco puede haber seguridad física, y los crímenes son el almuerzo de cada día, explotados cínicamente por los medios sensacionalistas que viven exclusivamente de ello.
Pues bien, pese a que los gobiernos brasileño y argentino están en la lista negra, todavía están en la lista. Los bolivianos están en la cloaca de las relaciones internacionales y pidiéndoles ayuda diplomática a sus socios ideológicos, para tratar de mejorar su vínculo con los odiados gringos.
Bolivia necesita dar trabajo a miles de obreros de la industria textil que vivían de las exportaciones a Estados Unidos. Las confecciones bolivianas se encuentran entre las de mejor calidad del mundo. Las multimillonarias exportaciones a firmas como Ann Taylor, The Gap, J. Crew, Saks Fifth Avenue, Neiman Marcus, Nordstrom, Polo y otras marcas de primera línea, han quedado estancadas o limitadas debido al rompimiento de los tratados comerciales que existían antes de que Evo Morales tomara el poder.
Solidarios con su camarada socialista, Argentina y Brasil pidieron a Estados Unidos restituir a Bolivia las preferencias arancelarias del programa ATPDEA (Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de Drogas) que premia los esfuerzos antinarcóticos de Colombia, Ecuador y Perú con una exención tributaria para sus exportaciones.
La sutil diferencia es que en Bolivia el narcotráfico está en auge, y Estados Unidos no va a cambiar su política aduanera a menos que los bolivianos erradiquen los cocales, asunto que atañe directamente al señor presidente Morales, que es el jefe de los productores de coca, con quienes formó su base electoral y su partido.
Posteriormente vendría el juicio a los involucrados en la elaboración y tráfico de la droga, y sus cómplices, que involucra a la policía y a otras autoridades de alto rango en el gobierno.
La intermediación de Lula y la señora de Kirchner a favor de Evo Morales, simplemente sirve para destacar la estirpe de estos mandatarios. Nunca América Latina ha tenido en el poder una tanda igual de gobernantes como estos actuales dirigentes progresistas.