El jueves 12 de febrero se realizaría en el Comité de Medio Ambiente del Senado estadounidense una sesión de debate dedicada al cambio climático. La sesión tuvo que ser suspendida por una tormenta de nieve. Un bromista decidió construir un iglú con un cartel que decía: “la nueva casa de Al Gore”.
A propósito, ¿dónde está el predicador? Desde la cancelación de su discurso en la cumbre del Cambio Climático en Copenhague, el señor Gore parece haberse encerrado. ¿En un iglú o en su apartamento de Fisherman’s Wharf de California? Dice Lord Christopher Monckton, (Global Warming: The Other Side, kusi.com) que en su película, Gore señala que ese lugar desaparecería con la subida del nivel del mar.
Desde la publicación de los correos electrónicos del centro meteorológico británico, que forma parte del Panel del Cambio Climático de Naciones Unidas, en los que se establece que se ha alterado la presentación de medición de temperatura, los escépticos de la calentura arrecian sus creencias, los “calentólogos” están en aprietos y comienzan las renuncias. Para el año 1990 se redujo el número de estaciones meteorológicas para calcular la temperatura de la superficie terrestre y la mayoría de las estaciones no incluidas estaban en las regiones más frías.
Phil Jones, director de la Unidad de Investigación Climática (CRU) de la Universidad de East Anglia, renuncia hasta que concluya la investigación del caso. Después de su renuncia el señor Jones concedió una entrevista a la BBC de Londres en la cual admite que el cambio climático “no es un cambio sin precedentes” porque el cambio en el periodo 1910-1940 y 1860–1880 es muy similar aunque este último con menos seguridad por la escasez de medición en la época. Lo curioso del caso es que el señor Jones justificó su negativa a proporcionar los datos a los escépticos de la calentura debido a que “los datos de sus archivos están mal organizados y que puede ser difícil encontrar todos los datos relevantes”.
¿Los encontró el predicador Gore? Phillip Campbell ha dimitido como miembro del grupo de análisis de lo que se ha llamado el Climagete en el Reino Unidos y la Information Comminniner”s Office ha dictaminado que los científicos de la CRU incumplieron la ley de libertad de información que obliga a los organismos públicos a ofrecer toda la información solicitada siempre que no ponga en riesgo la seguridad nacional.
Pero como siempre, el pelo del sancocho nunca falta y los calentólogos están felices. La ley prevé que las violaciones prescriben a los seis meses. Ahora se solicitará al Parlamento inglés la modificación para aumentar el plazo. La más reciente renuncia es de Ybo de Boer, secretario ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Cambio Climático.
Ante el debate entre los calentólogos y los escépticos, parecería que el teniente coronel de Venezuela tiene la solución y así lo expresó en la Cumbre del Cambio Climático en Copenhague. “El culpable del cambio climático es un fantasma. Un fantasma que anda recorriendo los pasillos y los sótanos de Copenhague y que nadie se atreve a decirlo. Es el terrible fantasma del capitalismo. El destructivo modelo del capitalismo que está destruyendo vidas”. Por tanto, si se cambia el sistema, se cambia el clima. Así de sencillo.