Quizá hubo una época en la cual el presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, se las podría haber ingeniado para tener una salida más digna del cargo que ha ostentado durante tres décadas. Sin embargo, ya perdió su legitimidad y debería irse tan rápidamente como sea posible. No es bueno para Yemen que continúe la inestabilidad, ni para el combate que encabeza Estados Unidos en contra de la red Al Qaeda.
Durante casi dos meses, Saleh soportó la presión cada vez mayor de manifestaciones de jóvenes que exigieron su renuncia y un sistema más transparente y democrático. La marea regresó el 18 de marzo. Cuando menos 50 manifestantes fueron asesinados, al parecer por francotiradores leales al régimen.
Desde entonces, un asombroso número de altos funcionarios del Gobierno, incluidos comandantes militares y embajadores, así como líderes tribales, se han sumado a la oposición. El más significativo: General divisional Ali Mohsin al-Ahmar, quien dio órdenes a sus tropas esta semana para que brindaran protección a manifestantes opuestos al Gobierno.
Hasta ahora, los manifestantes han rechazado los esfuerzos de Saleh por otorgarles concesiones. Tienen escasas razones para confiar en él: Por largo tiempo ha prometido reformas y nunca cumplió. Incluso ahora, está enviando mensajes mixtos. El jueves de esta semana, juró defenderse a través de “todos los medios posibles”. Este viernes dijo que estaba listo para ceder el poder, pero solamente si lo podía transferir a lo que denominó en términos de “manos seguras”.
De cualquier forma, se sigue hablando de un trato. En la compleja cultura tribal de Yemen, Saleh, un sobreviviente, pudiera sobrevivir de nuevo. La administración Obama, recurriendo a una discreta diplomacia, al principio intentó convencerlo de que respondiera pacífica y creíblemente a las demandas populares. Ahora con Arabia Saudita, el patrocinador de Yemen, debería presionarlo incluso con mayor fuerza para que acepte una rápida y pacífica transferencia de poder a un gobierno provisional que refleje ampliamente a la sociedad yemení. Esto sentaría las bases para elecciones.
Yemen es un Estado endeble. Se está quedando sin agua y petróleo, al tiempo que 43% de sus habitantes viven en la pobreza. Está combatiendo a separatistas en el sur, a insurgentes en el norte y con la frecuente participación de Washington a uno de los afiliados más fuertes de Al Qaeda. Una brutal guerra civil o un prolongado vacío de poder solamente empeorarán incluso más una situación mala.