MAGNÍFICAS PARA HACER NEGOCIO.

Canción para la cucaracha

Alguien me preguntó sobre el tema de este escrito y cuando le dije que la cucaracha, se echó a reír. Creyó que era broma. ¿No pensaba escribir sobre pobreza, diablos rojos, cierres de calles…? Pues no; nada nuevo ha surgido, en esos aspectos, que valga la pena comentar. Y de política, menos. Verán. Paré las orejas para ver si los cuatro representantes de los partidos de oposición que participaron en el programa Enfoque (26/8/07), conducido por Dorita de Reyna, tenían algo interesante y novedoso que iluminara el paisaje político. Pero nada. Parecían el eco de la cantaleta quinquenal: no hayintereses personales, nos preocupa el país, nosotros sí sabemos cómo gobernar… Así funciona el cíclico tintibajo político; los que están abajo critican a los que están arriba. Así que entre varios temas (el de las secretarias de antes de la computadora quedó en segundo lugar) ganó el de la cucaracha, insecto asqueroso y detestado pero interesante.

Creo que la cucaracha es el único insecto feo al que se le ha hecho una canción, la que "ya no puede caminar porque le falta una pata para andar"; otra versión dice que es "porque no tiene marihuana que fumar", algo imposible porque las cucas no fuman y, en todo caso, se la comen. Son otros los animales que inspiran poemas y canciones. Rafael Alberti, el gran poeta español, le escribió un bello poema a una paloma que se equivocó al creer "que el mar era el cielo/que la noche la mañana", cantado bellamente por Serrat; Silvio Rodríguez, compositor y cantante cubano, lamenta en su canción haber perdido su imaginario unicornio azul; Roberto Carlos, el meloso brasileño canta a un gato triste y azul, compañero de "cabanga" de su amo; incluso el elefante que se balancea sobre la tela de una araña, y el periquito de "baja la casita baja" tienen su canción.

De esos detestables bichos, que pueden estropear el apetito, dañar una noche de sueño y contagiar enfermedades, se sirven algunos para rebajar de categoría a otros mortales ("es una cucaracha"). La única fobia que tengo, y es la más común de las fobias, ¿cucarafobia, blatofobia?, me la causan estos insectos, algunos con nombres tan lindos como Gromphadorhina portentosa. Una amiga siquiatra me recomienda serenidad ante las cucas, pero hasta verlas en la televisión, corriendo antes de que las alcance el chorro asesino del insecticida que las pone patas arriba, me hace cerrar los ojos. Como terapia para superar mi fobia, guardo un ejemplar de National Geographic dedicado a estos insectos de la familia de los blátidos; venciendo el miedo y la repugnancia que me provocan miro las ilustraciones de las cucas que casi parecen reales en la revista. Pero el truco no me resulta con las de verdad: la fobia sigue fuerte. Estos insectos son extraordinarios y no lo digo como prueba de afecto; de verdad lo son. Son tan perfectas que, a pesar de que aparecieron hace 300 millones -350 millones de años, no se han extinguido como es el caso de los dinosaurios; sobrevivieron las bombas nucleares que los norteamericanos lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki; a diferencia de nosotros los humanos, saben convivir pacíficamente; la caparazón cubierta por una grasa, y no tener esqueleto (exoesqueleto), les permite colarse en lugares estrechos y su rapidez las salva fácilmente de los chancletazos; el 75% de su tiempo lo pasan descansando (¿habrán oído hablar de los diputados?); cuando mudan son blancas con ojos negros, pero al cabo de 8 horas recuperan su color original (cualquier parecido con algunos personajes conocidos es mera coincidencia).

Nadie me venga con el cuento de que nunca las ha visto o las ha tenido de huéspedes en su casa porque no hay lugar del mundo donde no puedan vivir; como no tienen discriminaciones raciales, sociales, ni religiosas, se acomodan de lo mejor en cualquier ambiente. ¡Democráticas, además! Al igual que una buena parte de la población humana no practican el control de la natalidad; un par de cucarachas mandingas con buena salud y entusiasmo pueden convertirse en progenitores de 2 millones de mandinguitas en menos de un año; las "mandinga" (Blatella germánica), que no son alemanas sino del sur de Asia, son la mayor pesadilla. Los cucarachólogos dicen que hay 4 mil especies en el mundo y me alegra mucho que hasta ahora no las conozco todas, pues con las 4 ó 5 que tengo identificadas sobra y basta. Entre otras cosas, las cucas son magníficas para hacer negocio (venenos, trampas, inútiles sistemas ultrasónicos); también para intercambiar espeluznantes experiencias o formas para exterminarlas, misión totalmente imposible. Cuando alguien empieza a hablar este tema, pico por delante como "detectora de cucarachas"; así como hay quienes tienen el don de la clarividencia para vaticinar sucesos, yo lo tengo para ver cucas aunque no estén a la vista. Una cucaracha voladora (Periplaneta americana) buscando pista de aterrizaje es una experiencia aterrorizante (al menos para mí).

En los millones de años que tienen de andar por este mundo, ¿nos habrán hecho las cucarachas el daño que nos hacemos los humanos en la tarea diaria y tenaz de lastimarnos y exterminarnos mutuamente; de depredar y contaminar aguas, árboles, animales, suelo, aire? No, ciertamente. Aun así nos consideramos una raza superior. ¡Qué ironía!


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