Holanda es un país donde hasta hoy el cannabis se considera una droga blanda y se permite consumirla en establecimientos públicos ad hoc llamados coffee shops. Sin embargo, esta permisividad podría acabar pronto, pues las autoridades competentes estudian recalificar su carácter por el de droga dura y, en tal sentido limitar su adquisición. ¿Por qué el cambio de opinión?
Al parecer se basa en los resultados de estudios recientes, los cuales concluyen que el cannabis no es una droga tan inofensiva, por más que se le hayan detectado ciertos efectos terapéuticos positivos. Por el contrario, el empleo continuado de esta yerba atrofia la mente y, como explica la doctora catalana Marta Torrens, experta en el tratamiento de adicciones por el Hospital del Mar y el Instituto Municipal de Investigaciones Médicas (IMIM), en Barcelona, España: “Tiene riesgos diferentes a los del tabaco. Es un contrasentido facilitar el consumo de una droga cuando se está prohibiendo otra”.
El mayor peligro del cannabis es su capacidad para desencadenar enfermedades psiquiátricas tan graves como la esquizofrenia, ya que “triplica el riesgo de que la enfermedad aparezca en sujetos predispuestos”, afirma la doctora Torrens.
En otro informe, de la Comisión Clínica del Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad, se halló que el consumo del cannabis se asocia con la pérdida de la memoria y trastornos de ansiedad y depresión.
Asimismo, los adictos presentan un mayor riesgo de accidentes de tráfico, porque les daña los reflejos y el sentido de la percepción. Un riesgo que es directamente proporcional a la dosis acumulada en el organismo.
El consumo reiterado de cannabis está vinculado también a una mayor necesidad de estímulos visuales, auditivos y del gusto que no serían los mismos en circunstancias normales.
Bajo los efectos dopantes del cannabis, los sucesos triviales pueden parecer más graciosos o interesantes, mientras que la percepción del tiempo transcurre con más lentitud y también puede haber más hambre y sed.
Otros efectos asociados con esta adicción: aumentan las dificultades para poder realizar las tareas más simples; se extreman las conductas de riesgo en las relaciones sexuales potenciando el peligro de contagios con enfermedades de transmisión sexual; estudios realizados con adolescentes que consumieron habitualmente la yerba se comprobó que cinco años más tarde, este grupo presentaba mayores porcentajes de deserción en los estudios y adicciones a otros tipos de drogas en comparación al grupo que no la consumió; a largo plazo el consumo también afecta las encías, los aparatos reproductores femenino y masculino; el sistema inmunológico; puede potenciar, en las personas con este riesgo, los episodios de delirio, alucinaciones y psicosis.
Fumar cannabis perjudica a los pulmones más que el tabaco. A esta conclusión llegaron varios estudios, donde se comprobó que quemar 3-4 canutos o porros diarios de cannabis producía el mismo daño que fumarse 20 cigarrillos de tabaco al día.
En investigaciones que datan del año 2002 fueron comparados fumadores habituales de cannabis con no fumadores, hallándose entre los primeros un mayor nivel de síntomas tales como tos crónica, producción de esputo y una más alta frecuencia de cuadros de bronquitis.
Por último, el principio activo del cannabis, THC (tetrahidrocannabinol), posee una estructura química muy compleja y aún se desconocen todas sus secuelas. Pero lo que sí se sabe es que su adicción es más perjudicial que la del tabaco y puede provocar síndrome de abstinencia fuerte cuando éste deja de consumirse.