“Queremos construir la paz entre nosotros, cuéstenos lo que nos cueste. Hemos decidido que los dos países restablezcan sus relaciones diplomáticas”. Así de claro lo decía esta madrugada (hora española) Juan Manuel Santos después de reunirse con Hugo Chávez en lo que calificó de “diálogo franco, directo y sincero”. El recién investido presidente señaló que en la reunión se dio un gran paso en el restablecimiento de la confianza”, y explicó que el siguiente peldaño es establecer una hoja de ruta con cinco comisiones de trabajo para profundizar en las relaciones transfronterizas. El Presidente de Venezuela suscribió las palabras de su homólogo, y aseguró que su gobierno “ni apoya ni permite ni permitirá presencia de guerrilla, ni de narcotráfico ni de terrorismo, en territorio venezolano”, en referencia a las acusaciones del ex mandatario colombiano Álvaro Uribe, que llevaron a Chávez a romper las relaciones diplomáticas el pasado 22 de julio. En la rueda de prensa posterior a la reunión, Santos evitó referirse a la denuncia de Uribe ni a otras cuestiones polémicas, y aseguró que “ambos gobiernos han decidido doblar la página y mirar al futuro”.
El lugar elegido para restablecer las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela no pudo ser más simbólico. En la quinta de San Pedro Alejandrino, situada en la localidad caribeña colombiana de Santa Marta y donde ayer se reunieron los mandatarios de ambos países, falleció en 1830 el Libertador Simón Bolívar, artífice de la independencia de los dos estados.
Apenas tres días después de asumir el cargo, el nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dio prioridad absoluta a solucionar la crisis con su vecino y se entrevistó con Hugo Chávez, tal como solicitó el sábado durante su discurso de toma de posesión. Santos deseó que el diálogo fuera lo más pronto posible y Chávez respondió ese mismo día aceptando “un cara a cara” inmediato.
El primero en llegar a Santa Marta fue Santos, quien al pie del avión se mostró optimista pero cauto. El simbólico lugar bolivariano elegido para la entrevista a petición de Chávez no fue obviado por ninguno de los dos líderes. “Le pido a Dios y al Libertador que nos inspiren al presidente Chávez y a mí, a su canciller (Nicolás) Maduro y a nuestra canciller María Ángela Holguín, para que tomemos las decisiones mas acertadas en beneficio de nuestros dos pueblos”'.
Por su parte, el aterrizaje de Chávez en Santa Marta estuvo rodeado de sus habituales golpes de efecto. Vestido con una llamativa chaqueta de chándal estampada con la bandera venezolana, descendió del avión portando una rosa que regaló a Holguín. En un breve discurso, lo primero que hizo Chávez fue felicitar a Santos, que ayer cumplió 59 años, aunque el bolivariano bromeó diciendo que eran “35 años, creo”. Luego se refirió a la vinculación del “padre Bolívar” con Santa Marta, “tierra sagrada para nosotros” y también fue prudente al decir que llegaba “para comenzar pacientemente a reconstruir lo que fue desmoronado”. Antes de mandar un gran saludo a los soldados colombianos, manifestó: “Queremos construir la paz entre nosotros, cuéstenos lo que nos cueste”.
En el camino entre el aeropuerto y la quinta, Chávez rompió el protocolo y bajó del coche para saludar a la gente. Mientras tanto, Santos, en mangas de camisa, esperaba a Chávez en la entrada de la casa, donde ambos escucharon los respectivos himnos y pasaron revista a las tropas. Tras un encuentro privado entre Santos y Chávez, a la reunión se unió el ex presidente argentino y secretario general de la Unasur, Néstor Kirchner, que ha sido mediador.
Paralelamente a la cita presidencial, también se reunieron en Santa Marta un grupo de empresarios venezolanos y colombianos, ya que los motivos económicos están en el trasfondo de esta rápida recomposición de las relaciones. Las exportaciones colombianas a Venezuela han caído un 80% desde que se inició la tensión entre ambos países y los importadores venezolanos adeudan más de 800 millones de dólares a empresas de Colombia.