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Chávezes mala palabra

LIMA, Perú. –¿Qué es peor, el fujimorismo o el chavismo? Esta fue la pregunta que se habrán comenzado a plantear por lo menos la mitad de los electores peruanos, a partir del lunes 11 de abril, una vez quedó confirmado que el izquierdista Ollanta Humala y Keiko Fujimori, que se repartieron la otra mitad de los votos, serán quienes disputarán la Presidencia del Perú el próximo 5 de junio.

Habrá alianzas, una campaña con propuestas, programas, compromisos, equipos de hombres de gobierno que significarán un aval anticipado de que los candidatos no se desviarán y de que en nada pesarán sus “antecedentes”. Pero habrá otra campaña –“en contra del otro”, la que llamaríamos “sucia”, en la que se manejarán los “cucos” y los fantasmas.

Y en esa pulseada subterránea la que lleva las de perder, aparentemente, es Keiko F. Es que, como se sabe, los amigos se eligen y los parientes no. Humala puede renunciar a Chávez, y de hecho lo ha ocultado bastante en toda la campaña, pero ella no puede hacer lo mismo con su padre, el ex dictador del Perú, preso y condenado a 25 años de cárcel por delitos cometidos en el poder. Ni renunciará a él ni quiere hacerlo y a partir de ahí, se pueden aventurar muchas cosas sobre lo que ocurriría con Alberto Fujimori si su hija es electa presidenta.

Mientras tanto, Humala y sus asesores saben que lo primero es estar lo más lejos posible de Chávez. Ese fue su mayor esfuerzo durante la campaña en la primera etapa y lo redoblarán en esta segunda. Se sabe que los asesores brasileños, gente del PT de Lula, desde el principio le prohibieron algunas palabras del discurso como “imperialismo”, “neoliberalismo”, “progresista”, “bolivariano” , y otras del estilo y en su círculo más íntimo incluso dejaron de llamarle “comandante” como era usual. Había que marcar la diferencia aun en los detalles. Dio resultado. Siempre está la amenaza de Chávez y el riesgo de que aparezca otra vez aquel “Mono con metralleta” como dijo la prensa limeña, que calificó a Alan García de “Ladrón de cuatro esquinas” y le aseguró la presidencia a éste, y la derrota a Humala.

Quizá el esfuerzo de los asesores ahora no sea tanto por diferenciar a Humala de Chávez, sino por acercarlo a Lula, porque entre los que gustan del progresismo es una verdad revelada que para no parecerse a Chávez hay que parecerse a Lula.

Puede que ello convenza a los peruanos. Mientras tanto, Keiko tratará de hacer lo suyo, sin poder dejar de ser la hija de su padre.

Siempre puede haber sorpresas.


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