Los chilenos ansiosos de ideas nuevas están amenazando con sacar del poder en las elecciones presidenciales de diciembre a los veteranos políticos del bloque de centroizquierda que ha traído al país dos décadas de prosperidad.
La coalición gobernante unió sus fuerzas para derrotar al dictador Augusto Pinochet en un plebiscito en 1988 y desde entonces ha vencido en cada elección. Sin embargo, los críticos han dicho que su vida útil pasó y que se ha alejado de sus electores. “Chile tuvo dos exitosas décadas tras la dictadura. Ahora estamos viendo dos retos para esa élite dominante”, dijo Patricio Navia, analista político de la Universidad de Nueva York y de la Universidad Diego Portales en Santiago de Chile.
El bloque oficialista, la Concertación, enfrenta su mayor amenaza con el multimillonario empresario de derecha Sebastián Piñera, quien lidera en los sondeos de opinión de cara a los comicios del 13 de diciembre. Pero una revuelta al interior de sus filas podría darles el golpe de gracia.
Marco Enríquez-Ominami, un ex productor de cine de 36 años y parlamentario de izquierda, abandonó la Concertación a comienzos de año para ir como independiente y está absorbiendo los votos del candidato del Gobierno, el ex presidente Eduardo Frei. La mayor parte de las encuestas indica que ninguno de los candidatos ganará en diciembre con más de la mitad de los votos, en la primera elección presidencial tras la muerte de Pinochet en 1996, lo que implicará que los dos más votados pasen a una segunda vuelta el 10 de enero.
Los sondeos señalan que Piñera ganaría en la segunda vuelta, probablemente contra Frei, de 67 años, pero quizás contra Enríquez-Ominami, si es que este consigue más votos que Frei en la primera rueda.
Solo un sondeo, publicado esta semana por la Universidad Diego Portales, mostró que Piñera no tendría asegurado el triunfo en segunda vuelta, ya que apareció técnicamente empatado con Frei.
La Concertación ha logrado manejar la economía de manera exitosa, reducir a la mitad la tasa de pobreza y ha permitido el aumento de la clase media, transformando a Chile en uno de los países más desarrollados y estables de Latinoamérica.
Los expertos han señalado que la propia clase media se siente excluida de los nuevos planes gubernamentales de bienestar social que están principalmente enfocados en los grupos con menores ingresos.
La clase media está frustrada por la lentitud en las reformas que los podrían beneficiar directamente y están cansados de ver los mismos rostros en la política. ¿La solución? sacar a los políticos de la “vieja guardia” y colocar caras nuevas al poder.