‘LAS NACIONES NO TIENEN AMIGOS, SINO INTERESES’

China roja y Taiwán

La historia conocida de China data de unos 4 mil años, desde la dinastía Xia a la dinastía Qing. La presencia europea en el Lejano Oriente a partir del siglo XVI, marca el principio del fin de los milenarios feudos dinásticos chinos. El último emperador Qing sobrevivió hasta 1911.

Con la revolución comunista del pasado siglo, los chinos lograron la unidad territorial y política bajo el régimen de Mao Tse Tung, que en guerra civil derrotó al gobierno nacionalista del general Chiang Kai-shek. Mao consolidó su mando unitario desde 1949 hasta su fallecimiento en 1976.

La China moderna ha desechado la ortodoxia marxista desarrollando un país híbrido fundamentado en el partido único, el Ejército y el contrasentido teórico de un Estado socialista con economía capitalista, compitiendo de tú a tú con Europa y Norteamérica.

En el siglo XX los japoneses tomaron la isla de Taiwán como trofeo de guerra contra la dinastía Qing. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la conferencia de Posdam devolvió Taiwán a la China nacionalista de Chiang Kai-shek.

Taiwán es una isla separada de tierra firme por el estrecho de Formosa. Allí viven y prosperan 35 millones de chinos arracimados en un territorio que mide menos que las provincias de Bocas del Toro, Chiriquí y Veraguas.

Durante las décadas 30 y 40 del siglo pasado, el jefe del gobierno nacionalista Chiang Kai-shek enfrentó una cruenta guerra civil contra las hordas revolucionarias de Mao Tse Tung. En 1949, perdida la confrontación bélica y perseguido por el Ejército rojo, el derrotado guerrero navegó el estrecho de Formosa para refugiarse en Taiwán, la provincia rebelde. Gracias al escudo naval de la Séptima Flota de Estados Unidos, logró Chiang Kai-shek consolidar su precaria posición en esta isla, su último refugio terrenal.

Chiang Kai-shek murió en 1975 y cuatro años después los norteamericanos rompieron relaciones diplomáticas con Taiwán. Ese fue el precio pagado por Washington para entablar relaciones diplomáticas con China roja, el mercado emergente más poblado del mundo que hoy día se vanagloria de ostentar más multimillonarios que Estados Unidos.

Taiwán es una estrella que se apaga. A pesar de su vibrante economía y la conocida política de chequera, la isla apenas tiene relaciones con unos 20 pequeños países. Se vislumbra el ocaso en que los taiwaneses se verán forzados a regresar a casa de sus primos.

Para los panameños, China roja, hoy rosada, es la número dos en tránsito de naves por el Canal, hace sentir su peso como importante jugador en la Zona Libre de Colón y los puertos canaleros. Tiene notable presencia en el centro financiero y su influencia se siente hasta en las abarroterías del barrio…

Por esas y otras motivaciones que desconozco, recientemente nuestro país cortó vínculos diplomáticos con Taiwán para inaugurar la embajada panameña en Pekín. Las naciones no tienen amigos, tienen intereses.


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