No hay peleas académicas en los pasillos del poder en Washington, pero algunos observadores de la diplomacia estadounidense empiezan a llamar la atención sobre el riesgo potencial que entrañan algunos roces recientes entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado.
El columnista Jim Hoagland, en The Washington Post, revelaba hace unos días que el Departamento de Estado, que dirige Hillary Clinton, prácticamente se enteró por la prensa de que el presidente Barack Obama había decidido enviar un embajador a Siria, hasta hace poco enemigo de Estados Unidos.
“Un fallo en el control del mensaje es un acontecimiento significativo en la política exterior del equipo de Obama”, escribía Hoagland, quien citaba la frase de Kissinger.
El lunes pasado, Clinton - ex primera dama y rival de Obama en las primarias demócratas-se quejó de que la Casa Blanca está retrasando el nombramiento del director la Agencia para el Desarrollo Internacional.
Los roces tal vez sean anecdóticos: una excepción a la regla de una de las administraciones estadounidenses más cohesionadas de las últimas décadas. Pero son roces aumentados por la lupa estricta de la prensa acreditada en Washington, proclive a ver signos de tensión entre políticos de peso y antaño enfrentados como Obama y Clinton.
Y lo cierto es que el protagonismo internacional del Presidente, sumado a una lesión que la ha retenido durante un mes en Estados Unidos, han desdibujado a la secretaria de Estado.
Clinton intentó retomar la iniciativa diplomática con un discurso en la sede en Washington del Council on Foreign Relations, el laboratorio de ideas de referencia en política exterior.
La secretaria de Estado repasó las prioridades de su departamento y explicó su filosofía diplomática, lo que ella llama el smart power o poder inteligente, que pretende combinar la diplomacia -y otros instrumentos como la ayuda al desarrollo- con una fuerza militar inigualable.
El poder inteligente -dijo Clinton- aconseja que lideremos con la diplomacia, incluso en el caso de los adversarios o las naciones con las que no estemos de acuerdo. No podemos tener miedo o carecer de voluntad de dialogar. Ésta es la teoría. El caso práctico es Irán. La represión post electoral cambia poco las cosas: Estados Unidos sigue dispuesto a dialogar para frenar el programa nuclear, aunque ayer la secretaria de Estado también reiteró que el tiempo se acaba. La alternativa son más sanciones.
Ni el Presidente ni yo nos hacemos ilusiones pensando que el diálogo directo con la República Islámica garantice el éxito”, admitió.
Seis meses después de la llegada de Obama a la Casa Blanca, es visible el giro en la política exterior respecto a la anterior administración, que lanzó una guerra unilateral y llegó a enemistarse con algunos aliados.