Un muy bonito sábado, 13 de junio, de la primavera inglesa, andaba cerca del Palacio de Buckingham cuando empezaban los festejos de cumpleaños de la Reina. ¡Qué espectáculo! La familia real a pleno, en el balcón, y un desfile que incluía aviones rasantes pintando el cielo con estelas azules, blancas y rojas. Very British. Claro que todo esto a costa del contribuyente local, pero a mí, visitante, y de un país prácticamente desconocido, poco me preocupaba.
País desconocido por no decir menospreciado. Méritos no faltaban, gracias a dirigentes políticos, empresarios e intelectuales que, sumidos en una inmoralidad rampante donde el Estado roba a diestra y siniestra y donde nada parece moverse sin corrupción, abusaron del poder represivo estatal para estatizar una economía que pasó de las 10 más ricas del mundo a principios del siglo XX a una con casi 40% de ciudadanos pobres.
Pero sólo desconocido hasta el domingo. Detrás del castillo de Windsor, en un enorme parque, está el Guards Polo Club, cuyo presidente honorario es el príncipe consorte Felipe, ex jugador y actual promotor, que este día soleado concurriría allí junto con su esposa, la cual entregaría la Copa de la Reina a quien resultara vencedor de esta final. Apenas llegar se veía que la Argentina, de país menospreciado había pasado a ser ‘anfitrión’ de la Reina y de los más conspicuos jugadores y admiradores del polo.
Los más destacados puestos de comidas, bebidas y ropa eran argentinos y, por sobre todas las cosas, los mejores profesionales del polo, y mejores por mucho, eran todos del país del tango.
Más allá de la idea estereotipada que se tiene del polo, lo cierto es que detrás de este deporte y las actividades que supone –como es la cría de caballos–, existen profesionales que ganan mucho menos que en el fútbol, por caso, y que trabajan duramente, gracias a que el Estado los deja hacer, para llenar de orgullo a un país destrozado por una dirigencia impresentable.
En una fea y desagradable contraposición, ya de vuelta a Buenos Aires el 9 de julio, recibí una cantidad de mensajes de felicitaciones por el Día de la Independencia argentina. ¿Independencia de qué? Si la Argentina ha sido rehén de una dirigencia política, empresarial e intelectual, sumida en una degradación moral siniestra que ha abusado de la coerción (la violencia) estatal para imponerse sobre las personas, sobre el mercado.
Más nos hubiera valido depender de España, cuyos dirigentes han demostrado ser un mal menor.
Pero, aun con la esperanza de poder lograr una dirigencia superior a la española, ¿qué sentido tuvieron las sangrientas guerras de la independencia? Cuando países mucho más progresistas como Canadá y Australia se independizaron sin derramamiento de sangre.
El 14 de julio, en otra desagradable contraposición, veía los cielos de París también pintados de azul, blanco y rojo, pero no para festejar la vida, el cumpleaños de nadie, sino el inicio de la Revolución Francesa que mató a muchos.
Pronto llegará el 17 de agosto y no faltará quien me recuerde que es el día del “Libertador General San Martín, Padre de la Patria”. Héroe de la Patria. Héroes de verdad son los personajes que día tras día trabajan duramente cooperando entre ellas para intentar sobrevivir en esta sociedad signada por la destructiva violencia estatal. Y lo hacen en paz y con alegría.