Los precios mundiales de los alimentos crecieron fuertemente en diciembre 2010, llegando a niveles cercanos a los que provocaron las revueltas sociales en diversos países pobres, solo tres años atrás. El índice global de precios de los alimentos de la FAO subió un 32% entre junio y diciembre de 2010. El precio del trigo, del maíz y del arroz subió un 26% en el período.
Uno de los factores incidentes en los aumentos es la elevación del precio del petróleo. Por un lado encarece el precio del transporte de alimentos. Por otro, si no hay regulaciones cuando aumenta a más de 60 dólares el barril, ello incentiva cambiar el cultivo de alimentos por biocombustibles. Por ejemplo, según el FMI, en la crisis de 2008 un 70% del aumento de los precios del maíz fue causado por el reemplazo del maíz por biocombustibles en Estados Unidos, que producía 2/3 partes de las exportaciones mundiales de maíz. Se estima que en este 2011 el precio del petróleo será de 84 dólares.
Los nuevos aumentos ya están generando rebeliones. En Argelia muchos jóvenes salieron a la calle a protestar, atacando edificios públicos, y gritando “tráigannos azúcar”.
Los aumentos de los precios son de la más alta sensibilidad para los pobres. Se estima que gastan entre 50% y 80% de su presupuesto en alimentos. Ante su aumento tratan de “sobrevivir” salteando comidas y reduciendo la calidad de los alimentos que usan. Ello genera desnutrición y afecta, especialmente, a los niños, cuyos déficit de micronutrientes aumenta. Si la brecha alimentaria continúa, venden sus escasos activos, con lo que su vulnerabilidad aumenta. Esta nueva amenaza de alza de precios cae en un mundo en donde la desnutrición sigue siendo un problema central. Se estima que no menos de 950 millones de personas padecen actualmente hambre.
Al mismo tiempo, los avances tecnológicos continuos, con muchas aplicaciones en la producción y manejo de alimentos, hacen que se puedan producir para una población mundial aun mayor que la actual. América Latina es el caso típico. Con una dotación de recursos naturales de excepción y agua en abundancia produce alimentos para tres veces su población, como lo ha mostrado un estudio conjunto CEPAL-OPS. Sin embargo, hay 53 millones de desnutridos.
Hay en la región, como en el mundo, un gran tema de falta de acceso a los alimentos, ligado a las amplísimas desigualdades que dejan fuera del mercado a vastos sectores.
Se estima que cuatro millones de personas pueden perecer en el año 2011 por hambre en el planeta. Es posible, e imprescindible, actuar. Algunas comparaciones son muy ilustrativas de las contradicciones del mundo actual. Cien millones de niños pueden morir de enfermedades prevenibles y desnutrición. Ello puede ser evitado con lo que el mundo gasta en dos días en materia militar. Por el precio de un misil, una escuela llena de chicos con hambre podría contar con un almuerzo diario para cada uno, por cinco años.
Los esfuerzos de las Naciones Unidas, el PNUD, la FAO, el Programa Mundial de Alimentos, las ONG ejemplares como Acción contra el Hambre y otras, han impedido que el problema fuera aun mucho mayor, pero se necesita que se coloque al hambre en el centro de las prioridades, se incrementen los recursos internacionales para combatirlo y se ataquen sus causas estructurales. Tiene plena aplicación a los tiempos actuales una advertencia de Acción contra el Hambre: “Es necesario tomar medidas ahora o de lo contrario los altos precios de los alimentos atraparán a millones de niños en una espiral descendente de pobreza y desnutrición”.