El lanzamiento de un cohete norcoreano el pasado fin de semana supone un gran riesgo para la política exterior del presidente estadounidense Barack Obama, que exigió a la comunidad internacional consecuencias y un castigo para Pyongyang. Sin embargo, no es seguro que Estados Unidos, junto a Japón, tenga éxito en su estrategia, pues China y Rusia, ambos con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, no parecen dispuestos a apoyar una resolución de duras palabras del alto gremio de las Naciones Unidas o nuevas sanciones contra el Estado estalinista.
Dividir al consejo podría ser parte de una estrategia del líder norcoreano Kim Jong Il, afirman los analistas, porque Estados Unidos podría incluso verse obligado a negociar directamente con el régimen de Pyongyang.
Independientemente de si el lanzamiento del domingo, que Corea del Norte afirma que se realizó para poner en órbita un satélite de comunicaciones, fue o no un éxito, Pyongyang logró un importante objetivo estratégico.
El régimen comunista no logró solo volverse a poner en el centro de la atención internacional, sino que su última acción obligó a la nueva administración estadounidense a actuar.
Por otro lado, el empobrecido país amenaza con verse de nuevo aislado internacionalmente y ver su táctica fracasar si Estados Unidos se negara a hacer concesiones.
Durante su viaje a Asia el pasado febrero, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, reiteró la oferta de Washington a su antiguo enemigo norcoreano al diálogo para normalizar las relaciones, firmar un tratado de paz y conceder ayuda económica. La condición, sin embargo, era que Corea del Norte desmantelara su programa de armamento nuclear y eliminara su arsenal nuclear.
Al anunciar el lanzamiento de un satélite, Corea del Norte hizo uso de una laguna jurídica en una resolución de 2006 del Consejo de Seguridad de la ONU que prohíbe al país probar misiles balísticos. Estrictamente hablando, Corea del Norte, como cualquier otro país, tiene derecho al desarrollo de tecnología espacial pacífica. Sin embargo, EU y potencias regionales como Japón y Corea del Sur temen que el Estado comunista pueda desarrollar su tecnología misilística con sus test, debido a que la tecnología empleada es similar, y finalmente sea capaz de desplegar un misil balístico intercontinental efectivo.