Reforzado por su holgada reelección el domingo, el presidente Rafael Correa buscará fortalecer el control estatal sobre sectores estratégicos mientras trata de domar los peligros económicos que amenazan con erosionar su alta popularidad en el volátil país andino.
Correa ganó un nuevo mandato de cuatro años en primera vuelta con más del 50% de los votos, mientras que su partido obtuvo la mayoría de los cargos regionales y tendrá una fuerte representación parlamentaria, convirtiendo al presidente en el líder más poderoso de los 30 años de democracia ecuatoriana.
El mandatario ha prometido mantener su línea dura con los inversores y profundizar el llamado “socialismo del siglo XXI” en uno de los países más pobres y desiguales de Sudamérica.
Desde que asumió el cargo en 2007, el economista formado en Estados Unidos y Europa ha sido una constante amenaza para los intereses de los inversores al negarse a pagar 3 mil 200 millones de dólares en deuda externa y renegociado con mineras y petroleras para lograr términos más favorables para el Gobierno. El Estado ya tiene una influencia significativa sobre sectores clave de la economía, como las telecomunicaciones y la banca. Probablemente, Correa continuará sus duras negociaciones con las compañías petroleras y mineras, incluso en el actual contexto de alicaídos precios en los mercados de materias primas.
Un relajado Correa minimizó ayer las preocupaciones sobre el aumento del desempleo, la caída de las reservas internacionales y la ralentización del crecimiento, asegurando que lo peor de la crisis ya ha pasado para Ecuador. “Las expectativas son muy buenas para el país, ya lo más duro pasó. Pero por supuesto existe una gran incertidumbre y cualquier cosa puede pasar”, dijo el mandatario, quien fue ministro de Economía durante un breve período en el año 2005.
Correa ha asumido un tono más moderado ante la crisis financiera global, reuniéndose con la banca para mitigar las preocupaciones por la escasez de crédito y reduciendo el gasto de capital en una señal de mayor prudencia fiscal. Esta actitud más pragmática podría ayudarle a evitar una debacle financiera este año, aunque el mandatario cree firmemente que puede atraer inversores bajo sus propios términos y no cediendo en asuntos ideológicamente importantes para él, como es el caso de la deuda externa. “Aquí no andamos con medias tintas”, dijo Correa a Reuters en una entrevista antes de los comicios. “Tendremos exactamente la misma posición, total firmeza para defender los intereses del país”, aseguró.
Las medidas para controlar el gasto debido a la caída de los ingresos petroleros podrían golpear su alto apoyo entre la mayoría pobre del país, que se ha beneficiado de programas sociales y ayudas asistenciales de su gobierno. Sin embargo, Correa hará lo posible para no recortar la inversión en salud, educación y protección social, piezas fundamentales en su visión socialista para cambiar a Ecuador. Además, vigilará las subidas de precios y los recortes de empleo que podrían generar de nuevo protestas populares que han precedido la caída de tres presidentes desde 1997.