[RESULTADOS]

Correa secuestra el futuro de Ecuador

En este nuevo período, el presidente ecuatoriano desarrollará su verdadero programa de gobierno, alineado con Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, entre sus ‘países amigos’ latinoamericanos.

Rafael Correa fue reelegido como jefe de Estado del Ecuador el 26 de abril. Pero los comicios generales no fueron más que una cortina de humo que, bajo el velo de elecciones democráticas, fortalecieron aún más el régimen totalitario, autocrático y anti-americano de Correa, cosa que ha venido construyendo desde el principio.

A continuación unos botones de prueba: él fue elegido Presidente de la República en noviembre de 2006. Se posesionó el 15 de enero de 2007. Se negó a jurar el cumplimiento de la Constitución y las leyes. Ese mismo día convocó, violando la Constitución vigente, a una Asamblea Constituyente, que debería ser elegida el siguiente mes de abril.

En suma: consumó un golpe de Estado el día mismo que asumió la Presidencia.

Se reunió la Asamblea Constituyente, cuya elección fue controlada por el Poder Ejecutivo, violando normas jurídicas que prohíben a los funcionarios usar el dinero del Estado en fines electorales y manipulando el uso de los medios de comunicación a favor de los candidatos oficiales. Desaparecieron de la Constitución los derechos de las personas, para ser sustituidos por etéreos derechos de la naturaleza y de las colectividades. Y se sustituyó el sistema democrático de división de poderes por uno de descarada concentración en manos del que funge como presidente. Se instauró la nefasta reelección presidencial.

La campaña de Correa fue un descarado desfile de abusos y arbitrariedades. En Ecuador se suprimió todo vestigio de libertad electoral. Los candidatos opositores se presentaron con la certeza de que la manipulación no les dejaría esperanza alguna. Pero con la creencia de que, todavía, la lucha electoral tiene algún sentido. No lo tiene realmente. Como no lo tiene en Cuba, ni en Venezuela ni en Bolivia. En esos países los actos electorales son sainetes que sólo sirven para que los dictadores se escuden en la simulación de elecciones para darle una supuesta legitimidad democrática a sus regímenes.

Correa ganó las elecciones. No tenía un contendor real. Ahora intentará también copar las mayorías en la llamada Asamblea Nacional, en los Municipios y demás sistemas de gobierno seccional. Es más: ha advertido que si la oposición tiene mayoría en la Asamblea, la disolverá. Y en este nuevo período desarrollará su verdadero programa de gobierno, alineado con Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, entre sus “países amigos” latinoamericanos.

Continuará su descarada protección a las FARC, cuyos miembros ya están asentados en diversas poblaciones, aún más allá de las fronterizas. Proseguirá su misteriosa e inexplicable relación con Irán. Tratará de atraer inversiones chinas. Se cerrará, cada vez más, al comercio con EU, Colombia, Perú y la Unión Europea. Atacará, de todas formas, a la inversión privada nacional, pero más que todo a la extranjera, como lo ha venido haciendo. Y tratará de imponer, en vez del actual uso del dólar de Estados Unidos como moneda ecuatoriana, algún signo monetario que le permita, a través de devaluaciones, controles cambiarios y criminalización de diversos actos económicos, manipular salarios, ahorro e inversión.

Esta perspectiva, para los ecuatorianos, es trágica. Con la pérdida de la democracia y las libertades económicas, las perspectivas de futura miseria, moral y económica, son seguras. Pero, para la comunidad internacional, estas realidades son desconocidas. Por lo tanto, con los resultados de la contienda electoral en Ecuador ya confirmados, humildemente le sugiero a la nueva administración del presidente Obama y a la comunidad internacional que se detenga un momento en este trágico caso y respondan la siguiente pregunta: sin estado de derecho, ¿realmente hay democracia?

Si la respuesta es negativa, entonces hago un llamado a que los países miembro de la OEA que se suscribieron a la Carta por la Democracia el 11 de septiembre de 2001, expulsen de su seno a las naciones que incumplen los preceptos democráticos, así como lo dice la Carta.


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