La decisión de la presidenta argentina, Cristina Fernández, de adelantar en cuatro meses las elecciones legislativas aumentó la incertidumbre sobre la economía doméstica y la salud del partido oficialista.
El recelo llevó a la paralización de proyectos privados de inversión hasta el 28 de junio, cuando se definirá si Fernández mantiene la mayoría en el Congreso mientras lidia con una economía que se desacelera y una popularidad decreciente.
Las elecciones son percibidas como un referéndum de sus 16 meses de Gobierno y las encuestas muestran que podría perder la mayoría legislativa, complicando sus esfuerzos para mantener la economía en movimiento.
Una victoria electoral podría dar a Fernández luz verde para continuar con políticas que muchos hombres de negocios critican como erráticas, mientras que una derrota podría provocar peleas dentro del partido peronista, dejándola demasiado débil como para resolver los problemas económicos.
“Se adelantó toda la incertidumbre que ya se presentaba en estas elecciones y se generaron dudas adicionales”, dijo Fausto Spotorno, economista de la consultora Orlando J. Ferreres & Asociados. “Cautela es la palabra del momento. No se puede prever lo que podría pasar después del 29 de junio (en referencia al día después de las elecciones)”, dijo un prominente empresario bajo condición de anonimato.
En las elecciones se reemplazará a la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Fernández presentó el mes pasado un proyecto para adelantar las elecciones, argumentando que Argentina necesita concentrar los esfuerzos en combatir la desaceleración económica y no en la campaña. Sus detractores dicen que su objetivo era que los comicios se realicen antes de que se profundice el deterioro de la economía y que una dividida oposición pueda armar alianzas contra el Gobierno, que se vio debilitado por un prolongado conflicto con el sector agropecuario por temas impositivos.
La votación también aumentó los temores sobre el rol que tendría el nuevo Congreso. El actual mandato de los legisladores termina en diciembre, y la votación podría instalar dos Congresos, y no quedaría claro cuál de los dos detenta el poder.
“Si el Gobierno pierde las elecciones, ¿qué pasa con el Congreso nuevo? ¿Va a poder decidir? ¿Qué capacidad va a tener el Gobierno de tomar decisiones económicas?”, dijo Spotorno.