El presidente peruano, Alan García, hace malabares para limitar el impacto de una recesión económica que podría arruinar su mandato y opacar el panorama para las elecciones de 2011. Cuando fue elegido en 2006, 15 años después de que salió del país como un paria tras el caos en el que terminó su primera gestión, García prometió restaurar su legado manejando prudentemente la economía y luchando contra la pobreza.
Un ex socialista que se ha movido hacia la derecha con el paso de los años, García se comprometió a afianzar el libre mercado para crear millones de empleos en Perú. Durante dos años su plan funcionó. Ayudado por los altos precios de las exportaciones mineras, un boom del crédito interno y reformas realizadas por sus antecesores Alejandro Toledo y Alberto Fujimori, la economía creció a un ritmo anual del 9%, una de las tasas más altas del mundo. La pobreza cayó cinco puntos porcentuales, a un 39%, en 2007 y todo parecía indicar que cumpliría con su promesa de reducir la tasa a un 30% al término de su mandato. Pero la aprobación del mandatario es baja y los siete años de bonanza económica están empezando a esfumarse.
Los valores de las exportaciones mineras están en picada y una lenta burocracia hace esfuerzos para implementar un ambicioso plan de estímulo de 13 mil millones de dólares para que la economía siga marchando a buen paso este año.
“García ha sufrido un revés debido a la crisis. Nadie pensó que esto iba a pasar y nadie sabe cuándo terminará”, dijo Ernesto Velit, analista político de la Universidad Ricardo Palma de Perú. “Lo que necesita es recuperar prestigio diseñando un plan suficientemente efectivo, hasta ahora incompleto”, agregó.
Pese a que el paquete de estímulo incluye gasto contra la pobreza, críticos de García dicen que depende demasiado de los gobiernos regionales con poca capacidad administrativa y que se verá afectado por la corrupción. Mientras el ritmo de crecimiento caiga a la mitad este año, a alrededor del 5%, como muchos economistas esperan, la popularidad de García podría contraerse desde el nivel del 25% en el cual se recuperó en diciembre. El año pasado, su aprobación estuvo afectada por una moderada inflación y un escándalo de corrupción. Mientras, los despidos crecen y las huelgas asoman. Unas 5 mil 500 personas del sector minero, uno de los motores de la economía peruana, han perdido su empleo desde diciembre, según el gremio de trabajadores del sector.
