CAMBIOS NECESARIOS

Crítica constructiva para la Zona Libre: Dovi Eisenman

La Zona Libre de Colón se fundó en el año 1948, cuando yo, al igual que muchos de los que hoy laboran ahí, no habíamos nacido. El tiempo ha transcurrido y nuevas generaciones siguieron el camino de sus antecesores, participando en el desarrollo comercial, con su mano de obra y siendo protagonistas en el crecimiento de uno de los pilares más importantes de la economía de nuestro país.

La Zona Libre se fundó para aprovechar la ubicación estratégica y las ventajas competitivas de Panamá, buscando acercar a los proveedores asiáticos, de difícil acceso para los mercados de Centroamérica y el Caribe, con una ventana de empresas que vendieran al por mayor, con precios competitivos y créditos especiales en las compras; también para generar empleo en esa provincia. No obstante, desde la fecha de su fundación, solo se han hecho ciertas modificaciones a los estatutos y regulaciones e incrementos a las tasas de operación, pero la Ley Orgánica se mantiene idéntica a la original, desde hace más de 67 años.

El modelo de negocio de la Zona Libre de Colón ha sobrevivido varias crisis de mercados importantes, igual que a la invasión a Panamá y al comercio electrónico. Por parte de los gobiernos, no se han hecho mayores inversiones que brinden innovación y oportunidades, solo se enfocan en modernizar y agilizar el mismo modelo de negocios, con sistemas informáticos que administran el movimiento comercial de una manera más integrada.

La crisis de esta zona no empezó ahora, viene en decadencia desde hace varios años, debido a la escasez de recurso humano capacitado, por leyes que datan desde su fundación, por la falta de iniciativas de Estado que impulsen nuevos negocios, por los incrementos considerables en los gastos de operación y porque la ciudad de Colón ha sido abandonada por todos. A esto se suman los problemas propios de la crisis económica y de los países inestables de la región, además de los relacionados a la competencia de empresas que se dedican al mismo modelo de negocio. Todas estas razones hacen muy difícil poder rescatar a la Zona Libre.

Hay que hacer críticas constructivas, sugerir que se haga uso de los recursos no solo en la renovación urbana de Colón, sino en la capacitación del recurso humano, e impulsar nuevas iniciativas que permitan la competitividad en la región y den mucho más valor a esta zona, reinventando un modelo comercial que permita el crecimiento sostenible de este pilar de la economía de Panamá. De lo contrario, no solo se perderá un legado para las futuras generaciones, sino que muchos hermanos panameños, cuyo sustento diario depende de lo que se genere en esta zona, vivirán en una ciudad renovada, pero sin oportunidades laborales. Esto puede llevar a un total fracaso el cambio que se busca en Colón y en nuestro país.


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