¿Tiene Israel la conciencia tranquila? Sí y no. A los israelíes les pesa cada día más que sus soldados y su imagen hayan vuelto a ser víctimas de un gobierno y un Ejército “estúpidos”, dicen. En la esfera política tampoco han faltado los desacuerdos y las críticas a un ministro de Defensa “arrogante”. Pero políticos y ciudadanos coinciden en una cosa: el bloqueo de Gaza no debe levantarse.
El intercambio de críticas dentro del Gobierno y el debate en el Parlamento, el miércoles, dejan en evidencia que uno de los ejércitos más potentes del mundo tiene aún mucho que aprender en materia de estrategia militar. Una semana de propaganda y censura mediática en Israel no ha impedido que se acuse a su Gobierno e incluso que se pida la cabeza de miembros del gabinete.
El 61% de los israelíes no transige a los videos que divulgó el Ejército y piensa que la flotilla pudo ser frenada de otra forma, la mayoría vuelca las responsabilidades en el ministro de Defensa, Ehud Barack, y el 74.8% exigía el miércoles su dimisión en un sondeo publicado por el diario Maariv. Otro ejemplo de incomodidad con lo sucedido fueron las interrupciones, insultos y los empujones entre diputados árabes israelíes de la Alianza Democrática Nacional y los ultranacionalistas del partido Yisrael Beitenu, que daban una imagen inédita de la Knesset el miércoles. Por una vez, decía el diario Haaretz, Netanyahu tiene razón en sus pronósticos: “Todo el mundo está en contra de Israel”. Y eso pesa mucho en la conciencia de los israelíes.
Otra cosa muy distinta es hablar del bloqueo a Gaza. Lo que para la ONU, la comunidad internacional y los activistas que zarparon en el convoy “de la libertad” es una violación intolerable de los derechos humanos, que ha demostrado, además, ser contraproducente en términos de aumento del contrabando y de elementos extremistas, es para Israel y gran parte de la opinión pública un tema de “vivir o morir aquí”, afirma un israelí licenciado en Ciencias Políticas. Como él, el Gobierno y gran parte de la opinión pública miran a Gaza como la futura base de operaciones de Irán si un día levantasen el bloqueo, y toman el ejemplo de la retirada del Líbano en el año 2000.