Para no estar invitada a Trinidad y Tobago, Cuba está dando mucho de qué hablar de cara a la Cumbre de las Américas que esta semana supondrá el primer gran encuentro entre el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y sus pares del resto del continente. Y es que muchos de ellos parecen haber adoptado como bandera regional el tradicional reclamo de La Habana de que Washington levante el embargo contra la isla.
Según aseguró en días pasados el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, el tema de Cuba no figura ni en la letra pequeña en la declaración final del encuentro, cuyo borrador circula ya entre los 34 países participantes para su aprobación definitiva.
Sin embargo, la isla caribeña ha estado en boca de casi todos a la hora de hablar del encuentro continental, incluso en Washington, donde aunque se ha tratado de bajarle el tono a la cuestión cubana en Puerto España, las autoridades no han tenido más remedio que admitir que el tema difícilmente podrá ser eludido en la Cumbre.
Prueba de ello es el hecho de que este mismo lunes, a pocos días del encuentro, Obama emitió una orden ejecutiva por la que no solo levantó las restricciones a viajes y remesas de cubano-americanos que ya todos esperaban. Incluso abrió un inusitado camino a la mejora de las telecomunicaciones y sus negocios con la isla. Washington negó que estamedida supusiera un intento de evitar la controversia cubana en Trinidad y sostuvo que solo responde a una promesa electoral del mandatario norteamericano. Mas el momento escogido para hacer el anuncio hizo enarcar más de una ceja. Pese a todo, el asesor especial de Obama de cara a la Cumbre, Jeffrey Davidow, no se cansó de repetir en los pasados días que sería “desafortunado” que el tema de Cuba ensombreciera las posibilidades de diálogo que el encuentro caribeño ofrece a los países de la región con el nuevo jefe de la Casa Blanca, tras años de distanciamiento.