El proselitismo de la extenuante campaña electoral presidencial salvadoreña del 15 de marzo ha concluido. Quedan apenas unas últimas escaramuzas, pero no hay nada que pueda cambiar la decisión de quienes irán a votar el próximo domingo.
Los candidatos presidenciales Mauricio Funes, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), y Rodrigo Ávila, de Alianza Republicana Nacionalista (Arena), culminaron el sábado y el domingo, respectivamente, sus campañas con masivas concentraciones.
No cabe duda que la presencia de simpatizantes del FMLN fue superior en el acto de cierre, pero los principales medios del país hicieron lo posible por ocultarla y magnificar la concentración de Arena. No solo se trató de invisibilizar el acto “efemelenista”, sino también de desprestigiarlo.
El presentador principal en la actividad oficialista en el Estadio Cuscatlán dijo que “seis cuadras eran fáciles de llenar con un montón de vagos”, refiriéndose a los miles de simpatizantes del FMLN que se concentraron para apoyar a Funes. Además, dos avionetas de Arena sobrevolaron el acto de Funes el sábado y lanzaron panfletos, con tal mala suerte que el viento los arrastró hacia el Centro de Gobierno.
El candidato presidencial de Arena, Rodrigo Ávila, cerró su campaña proselitista en el estadio Cuscatlán. Ávila, ex director de la policía, fue ovacionado por miles de simpatizantes, así como por los ex presidentes Alfredo Cristiani, Armando Calderón, Francisco Flores y el actual mandatario, Antonio Saca, todos correligionarios “areneros”.
También fue respaldado por los máximos líderes de los partidos Frente Democrático Revolucionario, el Demócrata Cristiano y Conciliación Nacional, Julio Hernández, Rodolfo Parker y Ciro Cruz Cepeda, respectivamente. En sus discursos, los tres llamaron a la unidad nacional y a la lucha contra el comunismo.
Se calcula que los “areneros” movilizaron a unos 80 mil correligionarios, aunque al parecer algunos abandonaron el lugar antes de tiempo. Ávila llamó a votar a todos los salvadoreños para “defender la libertad” y no permitir que los “comunistas impongan el Socialismo del Siglo XXI”, que impulsa Hugo Chávez y que ha “exportado” a Ecuador, Bolivia y Nicaragua.
Pese a las muchas cosas buenas que tiene El Salvador, “no vivimos en un paraíso”, reconoció, por lo que se comprometió a construir casas para todos aquellos que viven en “champas” –casas de cartón –. También prometió incentivar la agricuindustria, extender la red de ayuda solidaria a la gente más pobre y alfabetizar a los adultos.
Según Ávila, “los secuestradores, los extorsionistas, los criminales y pandilleros” no quieren que él llegue a ser presidente, pero después del 15 de marzo “se las van a tener que ver conmigo”.
