El alcohol es una droga de carácter lícita y su abuso representa una de las principales causas de enfermedades y accidentes evitables en un gran número de países.
A través de estudios realizados por organismos internacionales se han demostrado los efectos nocivos del alcohol sobre la salud de los consumidores causando más de 60 enfermedades y lesiones, así como trastornos mentales y del comportamiento, condiciones gastrointestinales, cirrosis del hígado, varios tipos de cáncer, inflamación del páncreas, alteraciones inmunológicas, enfermedades esqueléticas, afectación en la reproducción y riesgo durante el embarazo y el parto en mujeres bebedoras.
El peligro de estas enfermedades se incrementa con el aumento de las dosis ingeridas del alcohol. Cuanto mayor es el consumo mayores son los riesgos. Además su influencia está estrechamente relacionada con eventos sociales adversos como: muerte, conductas agresivas, violencia familiar y social, ruptura familiar; en lo laboral hay ausentismo, baja productividad y dependiendo del área pueden presentarse accidentes de trabajo, en los adolescentes se vincula con un bajo rendimiento y deserción escolar, conductas riesgosas.
Otro elemento que se debe señalar es el conducir bajo los efectos del alcohol produciendo accidentes de tránsito con víctimas fatales y secuelas en los sobrevivientes. En 2010 el 25% de las muertes por accidentes de tránsito estaba vinculado con conductores bajo los efectos de esta droga.
En nuestro país existen estudios desde 1992 que demuestran el rol que juega el consumo de alcohol como puerta de entrada para el inicio del uso de otras sustancias adictivas; representando una señal de alarma en la medida que su uso se inicia a edades cada vez más tempranas y el consumo se ha incrementado en los últimos años de forma significativa. Frente a esto se hace necesario tomar líneas de acción en dos vías: en primer lugar facilitar los mecanismos para el desarrollo de factores protectores que coadyuven a reducir el consumo. Aquí interviene el ofrecer mejor atención de los padres y la participación de los niños y adolescentes en actividades preventivas para potenciar habilidades para la vida.
En segundo lugar se deben establecer políticas públicas en materia de alcohol que tiendan a minimizar el consumo y los daños relacionados con la ingesta de esta sustancia.
La autora es médica psiquiatra especialista en adicciones.
