Vuelta a la trinchera del desafío; al lenguaje de confrontación política con música militar. Retorno a la guerra fría. Raúl Castro verbalizó el domingo, en su discurso como anfitrión de la cumbre de los nueve países de la Alianza Bolivariana de las Américas (Alba), el cerrojazo a la puerta del diálogo con EU que hace unos meses él y sobre todo Barack Obama entreabrieron con tímidos gestos.
Las decisiones de utilizar siete bases en Colombia y reactivar la IV Flota son ofensas imperdonables para Castro; tanto como para afianzarse como torre de enroque junto a Hugo Chávez en la América roja que el Alba representa en el tablero continental. “El establecimiento de bases en la región es –dijo el líder cubano– una expresión de la ofensiva hegemónica del Gobierno norteamericano y un acto de agresión contra toda América Latina y el Caribe”. “Washington quiere concretar su doctrina político-militar de ocupar y dominar a cualquier precio el territorio que siempre ha considerado su traspatio”.
En cuanto a la puesta en marcha de la IV Flota con vía libre para operar en aguas interiores de países de la región, el dirigente isleño la juzgó una prueba de que EU no tendrá límites para lograr sus fines. “Excepto el que le imponga la resistencia que seamos capaces de ofrecer”.
Castro pintó en blanco y negro, a trazos gruesos: “En América Latina se agudiza el enfrentamiento entre dos fuerzas históricas: un modelo dependiente, elitista y explotador, subordinado al imperio, y unas fuerzas revolucionarias y progresistas representativas de los desposeídos y comprometidas con la justicia social e independencia de los pueblos”.
Puede que optara por esta retórica de brocha gorda en atención al auditorio (los líderes de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, y representantes de menor rango de Honduras, Ecuador, Dominica, Antigua y Barbuda, y San Vicente y las Granadinas). Pero su rotundidad en la embestida al adversario, sin guiños de distensión, confirma un viraje: al enemigo, ni agua. Los ataques sobresalieron por encima de los votos de integración de citas anteriores.
La cumbre vino precedida por un mano a mano Castro–Chávez saldado con el anuncio a toda trompeta de 285 acuerdos por 3 mil millones de dólares. Mucho dinero. Lo malo es que Venezuela está en recesión y Cuba roza el desastre financiero: una coyuntura que, con la Bolivia del victorioso Evo Morales como excepción, tal vez también alienta la retórica belicista.
En un adelanto del texto que los socios del Alba firmaron antes de clausurar el lunes la cumbre, Raúl rechazó sin ambages las elecciones en Honduras, donde, con el apoyo norteamericano, “se ha impuesto un gobierno usurpador que han tratado de legitimar con una farsa electoral”. El dirigente tomó nota de los países que, doblegados ante el imperio, terminaron aceptando la “maniobra golpista”.