“Todas estas innovaciones y tendencias nuevas en el teatro terminarán dando los frutos que deben dar”, asevera el español José Luis García Barrientos, experto teatral, doctor en Filología e investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones de España.
Este especialista realizó una breve visita a tierras panameñas con una apretada agenda, dando en apenas tres días dos conferencias magistrales.
Una fue el viernes pasado en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero.
La siguiente fue ayer, sábado, en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá, donde lo impresionó el interés demostrado por los estudiantes y profesores de esta institución, que acudieron a esta cita.
Si bien nunca fue actor, recalca con insistencia la importancia de reflexionar acerca del teatro, trabajo que define como un tesoro y un estado de conciencia.
“Los espectadores no deben perder la inocencia al ver una obra”, afirma García Barrientos, quien es docente en las universidades Complutense y Carlos III de Madrid (ambas en España).
Aclara que esta meditación -que confluye en la teoría del teatro- permite mirar una escenificación como lo haría un espectador no habitual o sin conocimientos específicos de este arte; es decir, mirar y percibir más elementos de lo usual y, por ello, disfrutar más de una función.
Profundiza en esta cuestión, y desentraña que el valor de conocer no se limita al simple cómo funciona una puesta en escena. Va más allá, preguntándose cómo está hecho un espectáculo, de qué ideas está construido el montaje, buscando una vía de acceso para solventar los puntos que se van planteando con la trama.
Hace hincapié en el aprendizaje cultural como una forma de crear mayor público en el mañana.
De igual forma, resalta la envergadura económica que se le debe aplicar al teatro.
Sin embargo, recalca que es justo encontrar una ganancia económica en este oficio, que va desde la clásica entrada para ver el espectáculo hasta el pago por las retransmisiones televisivas de los eventos teatrales.
Este formato, anota, no siempre funciona y en algunas partes puede ser un rotundo fracaso. Considera que podría resultar exitoso si se prestara más atención al público, el que recuerda es el componente distintivo del teatro.
Hasta ahora, continúa, la concepción de las emisiones televisivas se centraba en ofrecer a los televidentes una perspectiva desde la que se consideraba la mejor butaca, que en apariencia ofrecía lo que cualquier asistente podría desear. El problema “es que el teatro se ve con ojos propios, y un ojo no ve lo que una cámara y viceversa”.
Su conclusión es que solo asemejándose más al cine en el sentido dinámico, con tomas distintas y un mayor movimiento de cámara se puede despertar la expectación en cualquiera que se decida ver teatro desde una pantalla chica.

