Para lo que de decencia va quedando en el mundo, no hay dudas en cuanto a la enorme postración ética de los dirigentes con responsabilidad concreta en los diversos países que gobiernan. Si el escenario internacional anda mal en términos generales, cualquier calificación negativa cabe para la mayoría de los que gobiernan en la América Latina, y para unas cuantas realidades africanas.
La doble moral que exhiben en las organizaciones internacionales como en la de Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, en la misma Unión Europea o en la Unión Africana permite prever épocas difíciles para los gobernados. El tiempo está sumamente nublado. Desgraciadamente las voces de la honestidad, esas que mantienen un radicalismo ético en la base de sus acciones políticas, o están distraídas o las fuerzas contrarias les han bajado tanto el volumen que sus voces se hacen imperceptibles.
El caso de la República de Honduras ilustra a la perfección lo que decimos. La inversión de valores resulta asquerosa en las acciones de protagonistas de gobiernos y organismos internacionales. Lo grave es que actúan, no por errores ingenuos sino por calculados oportunismos geopolíticos, económicos o por escandalosas corruptelas de unos cuantos.
En Honduras hay una Constitución vigente, unos poderes públicos autónomos que funcionan de manera separada y con equilibrio entre ellos, un presidente a la cabeza de un gobierno ajustado a las normas fundamentales y un ex presidente que fue removido del cargo luego de una decisión compartida de la Corte Suprema y del Congreso.
Hubo señalamiento expreso de las violaciones constitucionales de Manuel Zelaya y la orden a las autoridades competentes para que procedieran a removerlo. Todo esto anterior a su destitución. Se trató de un proceso público y abierto. Ninguna actuación fue clandestina. No hay en este país centroamericano una dictadura militar, ni represión superior al necesario mantenimiento del orden público que los controladores de Zelaya, y él mismo, pretenden alterar gravemente. Las elecciones generales están convocadas para noviembre y en ellas participa en rol estelar el propio partido de Manuel Zelaya, el cual también votó en su contra en el Congreso.
Es vergonzoso el espectáculo atípico de la embajada brasileña. La admirada diplomacia de ese país ha rodado por los suelos impulsada por la doble moral y la hipocresía de un presidente Lula que en su afán neo imperial se empeña en coincidir con casi todas las causas, así sean contradictorias entre ellas. ¡Qué decepción con ese señor, con el desangelado español Rodríguez Zapatero y con buena parte del liderazgo democrático! De Chávez es poco lo que podemos agregar. Fue penosa su actuación en Naciones Unidas. Tragicómica la llamada II Cumbre de mandatarios y jefes de Estado de América y África. Vergüenza para Venezuela la presencia en la Isla de Margarita de unos cuantos asesinos, ladrones y dictadores, avalados por otros tantos “petrochulos” en busca de dinero negro para suplir la dignidad perdida desde hace rato. Jamás habíamos caído tan bajo, a niveles tan despreciables en todos los campos.