[GUERRA EN IRAK]

Dudas ante escalada militar

La guerra es cada vez menos popular y la Casa Blanca podría verse obligada a buscar el apoyo republicano en el Congreso para financiar la escalada militar en Irak.

Barack Obama deberá hacer equilibrismos para convencer a los ciudadanos estadounidenses y al Congreso de las bondades de su nueva estrategia en Afganistán, anunciada el martes en un discurso a la Nación desde la academia de West Point. La estrategia establece dos objetivos aparentemente disonantes: una escalada bélica que multiplicará por tres la presencia estadounidense en el país respecto a hace un año y, al mismo tiempo, el inicio de la retirada de las tropas en el año 2011.

El Presidente empezó a comprobar lo difícil que será vender sus planes, y los riesgos políticos que entrañan: la guerra es cada vez menos popular y la Casa Blanca podría verse obligada a buscar el apoyo republicano en el Congreso para financiar la escalada. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, el secretario de Defensa, Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, almirante Mike Mullen, se expusieron a un interrogatorio intenso en el Senado.

El más contundente fue el senador republicano John Mc-Cain, héroe de Vietnam y rival de Obama en las presidenciales de 2008. Como la mayoría de los republicanos, McCain aplaude el envío de 30 mil soldados más a Afganistán, pero cuestiona que el presidente fije un plazo de un año y medio para empezar la retirada. Una fecha puede animar a los talibanes, que sólo tendrían que esperar hasta 2011.

Ante las insistentes preguntas de McCain, el secretario Gates admitió que la fecha de julio de 2011 no es inamovible, y explicó que en diciembre de 2010 los responsables militares decidirán, en función de la situación en Afganistán, si mantener o no la fecha. En todo caso, esta fecha sólo marca el inicio de la retirada. En el discurso de Obama no consta ningún plan para la retirada final. Las críticas proceden también de las filas demócratas del presidente. A la izquierda le agrada el calendario de salida, pero recelan de un escalada que supera, en número de soldados, la que George W. Bush decidió en Irak en el año 2007. El entonces senador Obama se opuso. El senador demócrata Carl Levin subrayó que lo que Afganistán necesita no son más soldados estadounidenses, sino más soldados afganos, y que el envío de 30 mil soldados puede desincentivar la formación de las fuerzas armadas locales.

Desde el miércoles, EU tiene más claro qué quiere y qué no quiere en Afganistán, una guerra que empezó tras los atentados del 11-S. Nadie habla de victoria. El objetivo ahora es contener –ni siquiera derrotar– a los talibanes y debilitar a Al Qaeda. Y también preparar a los afganos leales a Kabul para que sean ellos quienes combatan a los talibanes. La democracia o los derechos de las mujeres ya no son objetivos. Aunque la heredó de Bush, esta es ya la guerra de Obama. En Afganistán puede jugarse su presidencia.


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