Alle Menschen werden Brüder (todos los hombres serán hermanos). La evocadora letra de la Oda a la Alegría del poeta alemán Friedrich Schiller, que forma parte del himno oficial de la Unión Europea (UE), con música de Ludwig van Beethoven, no parece pasar por su mejor momento.
Las últimas expulsiones de ciudadanos de etnia gitana de Francia, y el aumento del racismo y la xenofobia en la UE, alentados por la crisis, ponen en peligro la imagen del Viejo Continente como patria de la libertad y los derechos civiles. Ayer el Parlamento Europeo realizó un debate en su sede de Estrasburgo sobre este problema. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao, subrayó que en Europa no hay cabida para la intolerancia. La comisaria de Justicia de la UE, Viviane Reding, lamentó que una parte de los recursos del Fondo Social Europeo destinado a mejorar la integración de los gitanos no se hayan aprovechado de manera adecuada, y por ello, Bruselas reforzará el control del fondo.
La comisaria comentó que Bruselas aún no ha llegado a una conclusión definitiva sobre si las expulsiones fueron o no legales. “El Gobierno francés tiene todavía que responder a varias preguntas...”, aseguró.
La racaille, la “basura” de la periferia de París. La definición que daba Sarkozy hace cuatro años del colectivo de jóvenes de origen árabe que “propiciaba” la quema de coches y otros actos vandálicos fue, quizás, el primer punto de inflexión de lo que vendría después: la cuna de las libertades se convertiría en el país que con mayor dureza está tratando a los inmigrantes.
A pesar de la reacción negativa del Parlamento Europeo a las primeras expulsiones de gitanos de Francia, alegando problemas de seguridad nacional y de que la Comisión Europea aseguró que “vigila de cerca” esa política de mano dura, el Presidente galo no ha dado marcha atrás. Sarkozy anunció que endurecerá el proyecto de ley de inmigración y seguirán las expulsiones. Además, quitará la nacionalidad a los ciudadanos de origen extranjero que atenten contra la autoridad y provoquen altercados.
La inusual dureza con la inmigración ilegal no es un fenómeno aislado y exclusivo de la “patria de las libertades”. Según una encuesta de Financial Times, en materia de inmigración hay un panorama desolador para Europa. Según ese estudio, cerca del 50% de la población de algunos de los mayores estados miembros cree que los inmigrantes están “perjudicando su calidad de vida”. Así, el 64% de británicos considera que el nivel de inmigración ha hecho de su país “un peor lugar para vivir”. Para España las cifras son igualmente preocupantes: los españoles son el segundo país de la UE, tras el Reino Unido, donde peor se valora a los inmigrantes.
Debido a la crisis económica que sufre España y al alto nivel de desempleo (20%), la población suele identificar la presencia de inmigrantes como “potenciales rivales” a la hora de competir por un puesto de trabajo.