En Venezuela, Hugo Chávez ha ganado todas las elecciones en las que ha participado. Pero su historial no es tan bueno en América Latina. El respaldo de Chávez, sea abierto o tácito, ha sido el beso de la muerte para muchos candidatos en la región.
Chávez está tratando de impedir que Juan Manuel Santos, del Partido de la Unidad Social Nacionalista, gane en las elecciones presidenciales de Colombia el 30 de mayo. Las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela han resentido en los últimos años los conflictos personales entre Chávez y el presidente colombiano, Álvaro Uribe. Santos fue ministro de Defensa de Uribe de 2006 a 2009.
“Señor Santos, con usted (en el cargo), va a ser muy difícil restablecer las relaciones”, declaró Chávez por la televisión estatal en abril. Acusó a Santos de manipular a los votantes con promesas vacías de restablecer las relaciones entre Colombia y Venezuela.
Esto ha convertido a Antanas Mockus, del Partido Verde, en el candidato preferido de Chávez en Colombia –le guste o no a Mockus. Mockus aventaja a Santos en muchas encuestas, pero una declaración que hizo acerca de Chávez hace unas semanas lo ha puesto a la defensiva.
“Tengo admiración en muchos aspectos” por el Presidente de Venezuela, dijo Mockus en una entrevista de radio el 26 de abril, solo para modificar su comentario al día siguiente: “Usé la palabra ‘admirar’ inadecuadamente”, dijo. No admira a Chávez, aclaró, solo lo respeta.
Por el momento, la corrección parece haber salvado la candidatura de Mockus. Mientras más se distancie de Chávez, más posibilidades tiene de ganar las elecciones.
Mockus, quien ha sido dos veces alcalde de la capital de Colombia, Bogotá, puede tener conductas extrañas –se casó en una carpa de circo y, cuando era rector de la universidad nacional, una vez se bajó los pantalones para mostrar su trasero a un grupo de estudiantes– pero también es un político que sabe ganar elecciones. Y sabe muy bien que si no se desliga de Chávez –y rápido– seguramente perderá en la próxima votación.
Otros candidatos antes que él no aprendieron esa lección a tiempo y han pagado las consecuencias.
Manuel Andrés López Obrador fue derrotado en las elecciones presidenciales de México en 2006 por un margen de menos del 1% del voto, después de una campaña de publicidad negativa que lo comparó con Chávez. Felipe Calderón, el actual presidente, ganó esos comicios. En ese entonces, uno de los asesores de Calderón me confió que la intención de la campaña en los medios de comunicación había sido presentar a López Obrador tan “intolerante” como Chávez. Y funcionó.
Una situación similar ocurrió en Perú ese mismo año. Chávez apoyó abiertamente al candidato izquierdista Ollanta Humala y calificó de “ladrón” al ex presidente Alan García. Humala, quien llevaba la delantera después de la primera votación, perdió ante García en la segunda ronda.
En Honduras, el año pasado, los oponentes del presidente Manuel Zelaya hicieron énfasis en su estrecha relación con Chávez como una de las razones para derrocarlo. Temían que Zelaya reformara la Constitución y se postulara para la reelección, como lo ha hecho Chávez en Venezuela.
Los presidentes de Argentina, Nicaragua, Bolivia y Ecuador siguen siendo aliados de Chávez. Pero hay una creciente oposición en América Latina al plan de Chávez de extender su revolución de estilo bolivariano a lo largo de la región.
El argumento de los antichavistas es sencillo. ¿Qué país podría querer parecerse a Venezuela, donde un solo hombre –Chávez– controla el Ejército, la Constitución, la Asamblea Nacional, el proceso electoral y los jueces? Si Venezuela en verdad fuera el ejemplo de desarrollo que proclama Chávez, ¿cómo se explican los perennes cortes de electricidad, los muy altos niveles de criminalidad, la inflación rampante y la devaluación del bolívar? ¿Cómo justificar los cierres de medios de comunicación independientes y la persecución abierta de sus opositores políticos?
Es cierto que Chávez ha ganado muchas elecciones en su país. Pero gobierna como un líder autoritario y ya ha amenazado con mantenerse en el poder hasta el año 2021. En este contexto, Venezuela es un claro contraste con Colombia.
La prohibición constitucional que impidió que el popular presidente colombiano Uribe se postulara para un tercer mandato es una señal inequívoca de salud y progreso democrático. Nadie es indispensable: no en Colombia, no en Venezuela o en cualquier otra parte.
Mockus ha hecho bien en separarse de Chávez –es una medida necesaria si desea conservar la esperanza de ser el próximo presidente de Colombia. Sí, Mockus tiene una bien ganada fama de ser excéntrico, pero no de ser ingenuo.