[POLÍTICAS DE ECONOMÍA INTERNACIONAL]

El FMI que necesitamos

Apenas un año después de que el Grupo de los 20 acordó triplicar los recursos del Fondo Monetario Internacional (FMI) a 750 mil millones de dólares, su director, Dominique Strauss Kahn, está pidiendo 250 mil millones de dólares más para reforzar los fondos recaudados para los préstamos. Se trata de mucho dinero. Dado su interés en el Fondo, la parte de Washington podría ser de alrededor de 42 mil millones de dólares. Con todo, el Fondo debería obtenerla. Nadie debería olvidar que apenas hace unas cuantas semanas el FMI tuvo que comprometerse con casi 40 mil millones de dólares para ayudar a detener la implosión de Grecia, y, días después, prometió 320 mil millones de dólares para tratar de evitar que cayera a pique el euro. En una época en la que una crisis económica puede propagarse en cuestión de segundos, el Fondo también necesita volverse más ágil. Por lo general, llega al rescate sólo después de que un país está en una crisis profunda, ofreciendo préstamos a cambio de reformas políticas negociadas a base de mucho esfuerzo. Ha comenzado correctamente a analizar formas en las que puede ayudar a evitar crisis antes de que comiencen.

El año pasado comenzó líneas de crédito “flexibles” nuevas, préstamos incondicionales previamente aprobados para países que satisfacen criterios de políticas públicas macroeconómicas duras, pero, que aun así, podrían, de paso, salir golpeados a medida que una crisis se expande por todo el mundo. El FMI espera que con este tipo de garantía, los prestatarios preaprobados nunca tengan que recurrir a los préstamos. Ahora está examinando líneas de “crédito preventivo”, con condiciones, para países con finanzas más débiles. Hasta ahora, sólo México, Polonia y Corea del Sur han hecho fila para las líneas de crédito “flexibles” de primera. Otros han temido que hacerlo podría enviar una señal de debilidad a los mercados financieros. Las líneas de crédito “preventivo” podrían ser incluso menos populares. No obstante, el FMI tiene razón al estar pensando en esta forma.

La credibilidad también es esencial para que el Fondo haga su trabajo. En este momento, tiene muy poca en el mundo en desarrollo; se percibe que favorece a los países ricos en forma injusta. Países en desarrollo notaron que el préstamo a Grecia sumó 22 veces la parte con la que Atenas contribuye al capital del Fondo. Y muchos países asiáticos críticos de los drásticos recortes al presupuesto que el FMI les exigió durante la crisis financiera asiática en los años 90 se sienten resentidos por la relativa indulgencia que ha mostrado hacia Europa.

La forma de pensar del Fondo ha evolucionado en los últimos años. Debe, claro, exigir que los prestatarios se comprometan con políticas fiscales firmes. Sin embargo, cada vez más acepta la idea de que los países necesitan mantener redes de seguridad social viables para proteger a los más vulnerables. Y ha abandonado el énfasis en el criterio del desempeño estructural de privatizaciones, regulación bancaria, política comercial que se percibía como doctrinario y no relacionado con el problema de que se trata. El Fondo podría reforzar su credibilidad en el mundo en desarrollo si Estados Unidos y Europa desecharan su acuerdo de 65 años de antigüedad para tener a un europeo manejando el Fondo y a un estadounidense a cargo del Banco Mundial.

Los países ricos también deben darles un mayor derecho a voto a los países en desarrollo, incluidos China y Brasil, cuyo creciente poder en la economía mundial no se equipara con lo que pueden opinar en el Fondo. Los dirigentes del G-20 deben seguir hasta el final su promesa de cambiar 5% de las acciones y derecho a voto de países ricos (principalmente en Europa y el Medio Oriente) a los países en desarrollo. Sabemos que hacer llamados para aportar más dinero al FMI no será políticamente popular, en especial en un momento en el que los Gobiernos de todo el mundo se han comprometido a recortar el gasto interno. Algunos países europeos ya están obstaculizando la posibilidad de ceder parte de su derecho a voto. Estamos en tiempos peligrosos. Y un Fondo fuerte, con credibilidad y bien financiado es absolutamente esencial para la estabilidad económica mundial.

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