La presidenta argentina, Cristina Fernández, dijo el martes que buscará su reelección en los comicios generales de octubre, una carrera que hasta ahora lidera con holgura, según diversos sondeos. El anuncio termina con meses de especulaciones sobre su salud y presiones familiares para que no se presente, pese a que su candidatura era esperada.
La mandataria peronista aún no anunció su compañero de fórmula, un nombre que es esperado con ansiedad. Muchas encuestas sugieren que Fernández obtendría los suficientes votos en la primera vuelta electoral para evitar un balotaje. De acuerdo con el sistema electoral argentino, los candidatos pueden ganar en primera vuelta con el 40% de los votos solo si hay una diferencia de por lo menos 10 puntos porcentuales con el candidato en el segundo lugar. Un apoyo del 45% de los votos significa una victoria en primera vuelta, sin importar la diferencia con los demás candidatos.
El último sondeo elaborado por Management & Fit mostró que un 33.4% de los encuestados votaría por Fernández, lo que significó una baja de más de 5 puntos desde el 38.6% que medía en encuestas previas, pero con 18 puntos de ventaja sobre su rival más cercano. Otros sondeos de intención de voto indican que tiene un apoyo del 40%, con un margen sobre sus rivales de por lo menos 20 puntos.
La política argentina suele ser muy volátil, por lo tanto cualquier imprevisto podría complicar el camino de Fernández en los próximos cuatro meses. El resultado de las elecciones en la influyente ciudad de Buenos Aires y en las provincias de Santa Fe y Córdoba en los próximos 40 días podría influir sobre el humor de los electores. Aunque no se espera un golpe definitivo, si los candidatos de Fernández no obtienen buenos resultados su imagen podría resultar dañada.
A pesar de algunas señales de mayor pragmatismo tras la muerte de su poderoso marido y predecesor en la Presidencia, Néstor Kirchner, Fernández intensificó en meses recientes las políticas intervencionistas en la economía, aumentando la presencia del Estado en los directorios de empresas, multando a consultoras de economía que publican estimaciones independientes de inflación y dictando frenos a la importación para aminorar la caída del superávit comercial.
Hay pocas razones para considerar que cambiará esas políticas en caso de ser reelecta, especialmente en momentos en que su administración goza de alta popularidad y la economía crece. Sin embargo, la tercera economía de América Latina está mostrando señales de tensión. Analistas y críticos del Gobierno dicen que el estímulo al crecimiento con políticas fiscales y monetarias débiles no es sostenible en el mediano plazo y que el próximo gobierno podría estar forzado a tomar medidas para controlar una inflación de dos dígitos, que la oposición y expertos consideran que es deliberadamente ocultada por el ente oficial de estadísticas (Indec).