El gobierno salvadoreño de Mauricio Funes, el primer mandatario de izquierda en el país centroamericano, ha puesto su capacidad de gestión a prueba al lanzar recientemente un ambicioso plan antidelincuencial para tratar de hacer frente a la ola violenta que se cobra a diario la vida de unas 13 personas.
Hoy las palabras claves en El Salvador son “desafío”, “oportunidad” y “reto”. Ello, especialmente entre la opinión pública interesada en debatir la propuesta, presentada por el ministro de Justicia y Seguridad, Manuel Melgar, el pasado viernes 22 de febrero, pero que se cocinó desde tres semanas atrás en reuniones con los más importantes sectores nacionales.
El reto es grande para el actual gobierno, porque no tiene ni ocho meses en la administración estatal. La derechista Alianza Republicana Nacionalista no pudo vencer el flagelo de la delincuencia en cuatro años de gestión, pese a que fue su caballito de batalla en las contiendas electorales. En épocas anteriores primaron las posiciones conservadoras, llamadas “manos duras” y “súper manos duras”, en esencia medidas represivas contra el fenómeno de los pandilleros. Los expertos dieron sus propias advertencias: “violencia engendra violencia”. Así, el “pandillerismo” se ha convertido en la actualidad en “crimen organizado”.
El presidente Funes reconoció ahora que las pandillas no son más organizaciones de jóvenes inadaptados, sino bandas violentas, que usan armas, que asesinan sin piedad, que hacen de sicarios y extorsionistas y además usan a menores de edad para cometer graves y horrendos crímenes.
El colombiano experto en temas de violencia Hugo Acero, consultor de Naciones Unidas y quien labora actualmente en El Salvador, aseveró que el fenómeno de la narcoactividad –que hace unos años no era visible– da ocupación a las estructuras criminales locales para impulsar el narcotráfico del sur al norte de América.
Según Acero, el narcotráfico también tiene una gran incidencia en la ola de homicidios, que en El Salvador se cobra unas 13 vidas diarias y alcanza con ello la mayor tasa del continente: 76 homicidios por cada 100 mil habitantes, si se tiene en cuenta que la población local es de 5.7 millones de habitantes, según el censo de 2007.