Mientras los servicios de rescate siguen buscando cadáveres entre los escombros, los políticos iraquíes ya discuten sobre quién debe asumir la responsabilidad por el baño de sangre del pasado domingo en el barrio gubernamental, que dejó más de 150 muertos. Para distraer la atención sobre su propia incapacidad, el gobierno vuelca sus críticas contra países vecinos como Siria, que supuestamente no hace lo suficiente para evitar que los terroristas y sus instigadores entren en Irak.
La oposición, por su parte, ve un tema de campaña con el que hacer fracasar al primer ministro Nuri al Maliki y a los partidos kurdos y chiíes. Y los observadores independientes están entre tanto seguros de que este ataque al corazón de Bagdad es el resultado de una política amoral basada en el enriquecimiento personal. “En las fuerzas de seguridad hay infiltrados elementos corruptos, de otra manera no sería posible perpetrar ataques en esos lugares”, opina uno de esos analistas. Y lo cierto es que, aunque no han trascendido más detalles, tras los atentados ocurridos ante el Ministerio de Asuntos Exteriores, el pasado mes de agosto, fueron detenidos varios funcionarios. “Esto no es un Estado, sino un país gobernado por un grupo de saqueadores que luchan entre ellos”, señaló un antiguo empleado del gobierno que cree que los atentados fueron planeados por adversarios parlamentarios de Al Maliki.
También el Consejo de Sabios suní, que simpatiza con los rebeldes, considera que los atentados son “el resultado de una lucha entre los partidos y las fuerzas políticas que, sin excepción, persiguen objetivos ilegales”. El ex primer ministro Iyad Allawi, que aspira a volver al cargo en las elecciones parlamentarias del 16 de enero, se perfila mientras tanto como hombre fuerte que estaría mejor preparado que Al Maliki para luchar contra los insurgentes. “Tras la retirada de las tropas estadounidenses de las ciudades, las fuerzas de seguridad iraquíes no estaban lo suficientemente preparadas (para asumir la responsabilidad en solitario”, apuntó Allawi. A nadie le gusta escuchar semejantes afirmaciones, no solo en Bagdad, sino tampoco en Washington. Nada debe entorpecer la retirada de tropas anunciada por el ex presidente estadounidense George W. Bush y acelerada por su sucesor, Barack Obama.
Quizás por eso la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, no se limitó a condenar los atentados del domingo, sino que también subrayó “los impresionantes avances que ha hecho Irak en su camino a la estabilidad y la autonomía”.