El hasta ahora más complejo momento político que envuelve a gobierno guatemalteco alguno desde el amanecer de la democracia en 1985, hace crujir los cimientos de la sociedad cual terremoto. Cuando esto escribo fuera del país, me anuncian que el muy impactante y valiente video de Rodrigo Rosemberg ya le dio la vuelta al mundo, y hoy cancillerías y grupos de análisis lo evalúan. El impacto ha sido tan grande, que algunos factores de análisis se han perdido entre el enojo, la frustración y la tristeza de una muerte innecesaria e injusta. Por eso, es válido meditar en los siguientes puntos:
1. Las acusaciones sobre ambos asesinatos deben ser investigadas exhaustivamente. El hecho de que la última víctima grabara un video alarma enormemente, porque esto implica que él se sabía en un estado de máximo riesgo que al final desembocó en los hechos fatales; ello abre la posibilidad de que intervinieran terceros interesados en las consecuencias que para los acusados tiene este desagradable acontecimiento. Por eso se debe buscar a los hechores y a los autores intelectuales en todas las direcciones.
Sin ánimo de polemizar, y en medio del profundo dolor que me causa la muerte violenta de cada guatemalteco –en especial la de Rodrigo Rosemberg, hermano de mi buen amigo Eduardo Rodas Marzano–, traigo a memoria la obra de Carlos Manuel Pellecer, Útiles después de muertos, y en la cual se alude a la creación de mártires como mecanismo de guerra política.
Preguntémonos objetivamente: ¿Quién tendría interés en desencadenar una tormenta política de estas dimensiones? O ¿será que nadie imaginó que una persona brillante como Rodrigo Rosemberg no tomaría la precaución de grabar un video tan impactante como éste a manera de denuncia post mortem? En cualquiera de estas dos rutas de investigación, el esfuerzo debe ser máximo, el Gobierno debe pedir oficialmente la ayuda de gobiernos amigos, léase Estados Unidos y sus agencias como el FBI, al efecto de tener verdadera independencia en el proceso investigativo.
2. Si las tres muertes ya son suficientemente graves, las denuncias hechas por Rodrigo Rosemberg sobre el Banrural no pueden caer en saco roto. Adicional a la intervención de oficio que haga la Superintendencia de Bancos, o el MP, debe organizarse un grupo externo al sistema bancario para dar un juicio adicional sobre esta entidad. No desvanecer total y convincentemente los gravísimos señalamientos, no hará más que acelerar la declaración global de que Guatemala es ya un Estado fallido o un Estado mafioso corporativo.
Si queremos rescatar a Guatemala como se nos convoca en esta dramática grabación, más allá de la muerte de este héroe llamado Rodrigo Rosemberg, debe buscarse la verdad y la justicia cueste lo que cueste, sin rasgadura de vestiduras, sin protagonismos oportunistas de “sociedades civiles” inexistentes, sin politización, sin discriminación ni privilegio alguno.
Escribo estas líneas pensando mucho en Rodrigo y en sus hijos. La conspiración interminable en torno al poder y la corrupción expresan ahora un nuevo rostro de violencia y crimen organizado. Guatemala, has llegado al colapso final. Hoy no puedes quedarte en silencio, hoy no puedes permanecer inmóvil ante la gravedad del desgaste social, hoy debes actuar, con la ley en la mano, pero actuar. La muerte de Rodrigo Rosemberg debe representar el parte aguas histórico que nos permita legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, una Guatemala digna de vivirse, sin temor, sin terror y con justicia para todos. Guatemala vive hoy, sin duda, la ruta del colapso final, un nuevo amanecer depende de todos nosotros.