Las elecciones del pasado domingo en Haití fueron opacadas por la baja concurrencia, confusión en las casillas electorales y acusaciones de intimidación de electores, relleno de urnas y otros tipos de fraude. Pero, con todas esas fallas, observadores internacionales de la Organización de Estados Americanos y la Comunidad del Caribe coincidieron con el Consejo Nacional Electoral de Haití, el cual declaró que las elecciones habían sido fundamentalmente saludables.
Doce de los 18 candidatos presidenciales de Haití seguían sin convencerse el día de las elecciones cuando declararon, sin pruebas y antes de que las urnas hubieran cerrado, que la votación había sido manchada irremediablemente y debería ser cancelada. Dos de ellos, Mirlande Manigat, ex primera dama, y el músico Michel Martelly, dieron marcha atrás el lunes de esta semana, quizá porque al parecer son los dos candidatos a la cabeza que se dirigirían a un desempate, en enero.
De llevarse a cabo nuevamente elecciones de este tamaño no solo para presidente, sino para 11 integrantes de los 30 que conforman el Senado y la totalidad de los 99 integrantes de la cámara baja del Parlamento, se daría paso a más meses de confusión e inacción gubernamental. A menos que se halle firme evidencia de fraude, no es necesario y claramente no está en el interés en Haití.
Justo ahora, funcionarios electorales necesitan seguir adelante con un abierto y honesto conteo de votos. Los observadores internacionales necesitan mantener una atenta vigilancia y corregir rápidamente su evaluación, si perciben problemas serios.
Se esperan resultados preliminares para este 7 de diciembre. Si ninguno de los candidatos obtiene 50% de los sufragios, lo cual es probable dadas las dimensiones del grupo, entonces todos los involucrados necesitan enterarse de los problemas del domingo y esforzarse mucho más por reducir al mínimo el caos en la siguiente ronda. El consejo electoral necesita llevar a cabo una tarea mejor en la difusión de dónde y cómo votar. Los funcionarios de casilla necesitan más capacitación.
Once meses después del devastador sismo, más de un millón de personas siguen desplazadas. El país también está luchando por contener una epidemia de cólera. El nuevo gobierno tendrá que despejar las muchas obstrucciones que han desacelerado el esfuerzo de reconstrucción. Y tendrá que acometer una diversidad de otras reformas: la modernización del sistema electoral y la Constitución; destrabar burocracias y requisitos legales que impiden el desarrollo de los negocios y la inversión; la reorganización de crueles e ineficaces tribunales y prisiones.
Los haitianos, cuya paciencia ya ha sido puesta a prueba dolorosamente, necesitan creer que sus siguientes líderes fueron elegidos de manera legítima. Al parecer, ese es el caso. Los haitianos también necesitan que esos líderes sigan con lo suyo en cuanto a gobernar y reconstruir. No hay más tiempo que perder.