En su libro Hijos del Campo (1750-1950). Bijagual y Cochea en la historia de Chiriquí, una sociedad rural), Mario Molina Castillo (David, 1943) descubre el prototipo del hombre del campo chiricano, “en su entrega y capacidad de trabajo, arrojo en la vaquería y, sobre todo, un ejemplo de solidaridad comunitaria en la producción. Actividades reflejadas en las peonadas y juntas”.
Sin embargo, este doctor en Historia de América por la Universidad de Sevilla aclara que estos labradores vivieron sujetos al perfil político de los cabecillas de los partidos Liberal y Conservador, tanto de la ciudad de David como de la comunidad de Dolega.
“Una especie de dependencia económica como mayorales y vaqueros, y hasta familiar, con los hacendados davideños, con quienes hubo algunas uniones maritales y por compadrazgo”, señala este fundador y creador del Museo de Historia y Arte José de Obaldía, en David.
En síntesis, su obra es una proyección del campo en la historia que “varía de aquella tendencia historiográfica mayormente circunscrita al papel de las élites, en su protagonismo”.
Detalla que los corregimientos de Bijagual y Cochea se localizan al noroeste y forman parte de la geo-política del distrito de David, en la provincia de Chiriquí.
“Son dos regiones delimitadas por los ríos Cochea y Chiriquí, y entrecruzadas por los ríos Papayales, Papayalito y un número plural de quebradas y manantiales”, anota.
Esta obra, comenta Molina Castillo, es “producto del mecenazgo y patrocinio” de la Universidad Tecnológica Oteima de David y del ingeniero Luis A. Ríos Espinosa, “quien interesado en conocer el origen de sus ancestros, estimuló una investigación pormenorizada y sustentada en fuentes documentales y orales”.
Sobre los hallazgos y principales aportes de esta pieza investigativa, opina que es “el rescate de la literatura culta y popular, cuyas producciones poéticas eran ignoradas dentro de la historiografía literaria regional”.
Asimismo, reconstruyó el panorama experimentado por los bijagualences y cocheanos durante la Guerra de los Mil Días “que, conjugado con la presentación de la vida cotidiana, en su costumbrismo o tradición, entronques familiares, modos de producción; conllevaron a descubrir temas en su mayoría inéditos”.
Sobre sus anteriores obras, David, historia y sociedad y Veragua: la tierra de Colón y de Urracá en dos tomos, señala que la primera “se refiere a los orígenes de la Ermita de San José de David, su evolución urbanística como villa, que a partir de 1735 se convirtió en la cabecera del cantón de Alanje, para luego desarrollarse poblacionalmente y convertirse en la ciudad de David”.
La segunda es su tesis doctoral ampliada y esboza la “geo-historia regional, para adentrarnos en el estado urbanístico y pueblos indígenas; sobre el papel que jugó el negro colonial, los estudios demográficos, los modos de producción, el arte colonial y los aspectos políticos y sociales”.

