Honduras inició el camino hacia las presidenciales de noviembre como si no hubiera crisis. Los tres meses que marca la ley para hacer campaña comenzaron tal como lo decidió el Tribunal Supremo Electoral el 28 de mayo, exactamente un mes antes del golpe de Estado contra Manuel Zelaya.
Dos conservadores son los candidatos más fuertes para sustituir a Zelaya o al presidente golpista Roberto Micheletti, según se mire, al frente de un gobierno aislado internacionalmente. Zelaya sigue fuera del país reclamando su título de presidente legítimo y Micheletti continúa al mando del Gobierno de Tegucigalpa, soportando la presión de mediana intensidad que la comunidad internacional aplica en defensa de la restitución del orden democrático.
Cada día parece menos probable el retorno del mandatario depuesto, quien ahora pide a países y organismos no reconocer ningún resultado electoral.
El martes, el presidente depuesto sufrió un duro revés. España no encontró “muchos apoyos” –según fuentes diplomáticas– entre sus socios europeos para excluir a Honduras de las negociaciones comerciales que mantiene la Unión Europea (UE) con Centroamérica, en un primer debate de los Veintisiete en Bruselas.
No obstante, la Unión Europea sí contempla “examinar otras posibles sanciones”.
En las elecciones hondureñas, uno de los aspirantes a la presidencia es Elvin Santos, quien fue vicepresidente de Zelaya cuando éste aún estaba en línea con su Partido Liberal y no se había entregado todavía a los brazos del proyecto bolivariano.
El otro es Porfirio Lobo (Partido Nacional), cuyo único punto en común con el presidente depuesto es su condición de ganadero conservador.
Santos, de 46 años y empresario del sector inmobiliario, pretende llevar al Partido Liberal a su sexto triunfo en las urnas venciendo a Lobo, el político conservador que hace cuatro años casi arrebata la Presidencia a Zelaya.
Las elecciones de noviembre son las octavas desde el restablecimiento de la democracia en Honduras en 1980.