Combatieron lejos de sus casas en nombre de la democracia y la libertad. Pero al regresar les siguieron tratando como ciudadanos de segunda. Ayer, más de seis décadas después, aquellos afroamericanos que arriesgaron la vida por Estados Unidos, el país que los discriminaba, asistieron con todos los honores a la toma de posesión de Barack Obama, el primer presidente afroamericano. Esta es la historia de Dabney Montgomery y de los cerca de 330 supervivientes de los Tuskegee Airmen, el primer cuerpo de pilotos de élite integrado por negros, que participó en la Segunda Guerra Mundial.
Montgomery tiene 85 años y vive en el barrio de Harlem. Nació en Alabama, en el sur profundo. Los negros no podían votar y debían sentarse al fondo del autobús. Nunca pensó que un día vería a un afroamericano al frente del país del esclavismo y la segregación.
De tanto usarlo, el adjetivo histórico acaba perdiendo fuerza. En el caso de la victoria de Obama en las presidenciales de noviembre y ahora de su investidura se ha usado y abusado. Pero escuchar a Montgomery y a otros veteranos de los Tuskegee Airmen despeja las dudas sobre el significado de las ceremonias de ayer. Los Tuskegee Airmen reciben el nombre por la población de Alabama en la que se entrenaron.
Contando a los pilotos y al personal de tierra, eran unos 15 mil. Su heroísmo convenció al presidente Harry Truman para abolir la segregación en el ejército en 1948. Ahora es una de las instituciones más multiétnicas de un país en el que las diferencias sociales entre negros y blancos están lejos de cerrarse.
Montgomery emigró a Boston y después a Nueva York, donde trabajó en el departamento de Vivienda. Y se implicó en el movimiento de los derechos civiles. En 1965, durante la marcha de Selma, su ciudad natal, ejerció de guardaespaldas de Luther King.
El movimiento de los derechos civiles en la calle y el presidente Lyndon B. Johnson en Washington acabaron con la segregación. Barack Hussein Obama, de 47 años, es de otro mundo: hijo de un estudiante keniano y una blanca de Kansas, no comparte estas experiencias ni por sus orígenes familiares ni por su generación. Pero sin Johnson, sin Martin Luther y quizá sin los Tuskegee Airmen, difícilmente habría llegado a convertirse en el presidente de Estados Unidos.
