A los 102 años de edad, el Dr. Luis Leal ha muerto. La comunidad latina en Estados Unidos está de luto y yo siento un enorme vacío, quizá porque alguna vez llegué a pensar que el maestro, erudito, investigador, autor y persona cuya bonhomía no tenía par sería inmortal. No fue así, don Luis murió de forma apacible y por causas naturales, el 25 de enero.
Nacido en 1907, en la pequeña ciudad de Linares, en el estado de Nuevo León, México, don Luis emigró a Estados Unidos siendo muy joven. En 1936 se casó con Doris Clemens y tuvieron dos hijos, Antonio y Luis Alonso.
Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en el ejército y participó en combates en las Filipinas. Al terminar la guerra regresó a su país adoptivo, hizo su maestría y el doctorado en la Universidad de Chicago y empezó su larga carrera de educador que culminaría hasta 2004, cuando don Luis tenía 96 años de edad.
En la primera etapa de su vida académica, impresionados por su erudición y su manejo de los grandes temas culturales su país de origen, los editores de la Enciclopedia Británica le encargan escribir las secciones de cultura e historia de México en la venerable enciclopedia. Labor que desempeña mientras continúa su trabajo docente en varias prestigiadas universidades del país.
Cuando le conocí, don Luis Leal tenía 73 años y su carrera en el magisterio y en la investigación literaria recién había empezado a tomar nuevos rumbos. Cuatro años antes había cerrado el ciclo de una brillante carrera como profesor de la Universidad de Illinois en Urbana y se había mudado a California pensando, equivocadamente, que su retiro sería tranquilo en el benigno clima de Santa Bárbara.
Su insaciable curiosidad, sin embargo, le impide el reposo intelectual y para 1976, don Luis se asocia con la Universidad de California en Santa Bárbara y continúa las investigaciones que le llevan a encontrar en la cultura precolombina los orígenes de la literatura chicana y a explicar de qué manera el bilingüismo que caracteriza a los escritores chicanos de esa era crea un imaginario propio y único.
Por esas épocas asume la dirección del Departamento de Estudios Chicanos de UCSB y regresa a fondo a la enseñanza. Se calcula que en su larga carrera magisterial, don Luis habría dirigido un centenar de disertaciones doctorales, escrito más de 400 eruditos artículos que se publicaron en las más prestigiadas revistas académicas de Estados Unidos, América Latina y Europa y publicado más de 45 libros. México, civilizaciones y culturas, Breve historia del cuento mexicano, y sus volúmenes sobre los novelistas mexicanos Mariano Azuela y Juan Rulfo son lectura obligada para los especialistas en estos temas. Lo mismo puede decirse de sus ensayos de interpretación y divulgación de la literatura iberoamericana en la época del llamado boom.
En 1988, la Asociación Nacional de Estudios Chicanos le otorgó un reconocimiento por su admirable trayectoria académica. Cuatro años después, en la Casa Blanca, el presidente Bill Clinton le condecoró con la prestigiada Medalla Nacional en las Humanidades. En 1995, gracias al patrocinio de muchos donantes en California y del Gobierno mexicano, la Universidad de California en Santa Bárbara pudo instituir la Cátedra Luis Leal de Estudios Chicanos, cuyo primer catedrático fue el propio don Luis.
Cuatro años antes, en diciembre de 1991, el presidente Carlos Salinas le había otorgado la Condecoración del Águila Azteca, en una ceremonia en la residencia presidencial en la que yo tuve el honor de presentarle. Al hacer un brevísimo recuento de su vida les recordé a los invitados que en una de nuestras conversaciones, don Luis me contó que hacia 1600, algunos de sus familiares habían emprendido una expedición en busca de la fuente de la eterna juventud.
Aunque me aseguró que nunca la encontraron yo siempre sospeché que me mentía porque su vitalidad era sobrenatural. Hoy, con tristeza confirmo que después de todo, don Luis era mortal, como todos nosotros. Descanse en paz.