Por un árbol en el disputado lugar de Adaiseh, por una vaca extraviada en las ocupadas granjas de Cheba, y no digamos por dos soldados capturados por Hizbulah en territorio israelí hace cuatro años lo que provocó la guerra del 2006, la frontera del sur de Líbano es siempre un latente campo de batalla.
Después del hecho de armas del martes, en que el ejército libanés abrió fuego al tratar un soldado israelí encaramado a una grúa de arrancar o cortar un árbol crecido en un terreno encajonado entre la línea azul trazada por la ONU y la divisoria internacional, y fue respondido con disparos y bombardeos israelíes, los militares del Estado judío prosiguieron ayer su “limpieza forestal” para desbrozar el camino del lado libanés con la posible intención de desmantelar supuestas cámaras de filmación ocultas.
En Beirut, en cambio, afirman precisamente lo contrario, es decir, el propósito de los israelíes es instalar sus propios aparatos secretos de vigilancia. Esta vez los soldados israelíes, en lo que califican de “rutinaria misión de control”, iban acompañados de los soldados del contingente internacional de la Finul.
Una estrecha carretera recorre aquella abrupta zona fronteriza, junto a la verja metálica, tras la que se ven, al alcance de la mano, posiciones militares y kibutz israelíes. Comentando el episodio, el ministro de Información libanés, Tareq Mitri, dijo que había nerviosismo y miedo en el ambiente.
Esta excitación de las tropas en estado de alerta en uno y otro lado, a causa de las interminables especulaciones sobre los riesgos de una guerra próxima, puede explicar su comportamiento. La acción del ejército nacional, alabada por todos los grupos confesionales, no hay que interpretarla, según el ministro, como un cambio de estrategia militar.
El Gobierno de Beirut actúa con mucha cautela en un territorio minado, militar y políticamente, considerado palestra desde hace décadas de los conflictos regionales. El jeque Nasrala, líder de Hizbulah, en su conmemorativo discurso de la victoria divina del 2006, empleó la hábil fórmula de que el ejército protege a la resistencia y viceversa, y ambas defienden Líbano.
Pese a que la Finul ha considerado que el árbol de Adaiseh estaba plantado en zona israelí, Líbano lo impugna. Como el trazado provisional de la línea azul no coincide con el de la frontera en tiempos del mandato francés sobre Líbano, hay varios parajes controvertidos que reivindican los dirigentes de Beirut. Quedaron tierras libanesas más allá de la línea azul, declarada jurídicamente línea de tregua provisional desde el 2000.
Clausurado por ahora el incidente que costó también la vida de Asaf Abu Rachal, corresponsal del diario beirutí Al Akbar y miembro del Partido Comunista, los libaneses, que estuvieron ansiosamente pendientes de televisiones y radios por miedo al comienzo de otra guerra estival, han vuelto a volcarse día a día en su existencia hasta que llegue un próximo sobresalto.