En las tres primeras partes de Piratas del Caribe uno sabía que el foco más atractivo era el personaje del Capitán Jack Sparrow, pero no terminaba de notarlo porque a su lado se manejaban varias subtramas, es decir, temas alternativos que permitían un argumento rico en lecturas e intereses.
Quizás el más atractivo de esos subtemas era la relación de amor melodramático entre Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (Keira Knightley), dos ingenuos bien intencionados que hacían equilibrio con ese mentiroso y encantador antihéroe que es Jack.
En esta cuarta entrega, al no estar ninguno de estos actores (el rumor es que pidieron un aumento salarial elevado y les fue negado) todo se centra en las peripecias y enredos de Jack en relación a su búsqueda de la Fuente de la Juventud, y por más grande que sea Johnny Depp como actor, le cuesta echarse al hombro esta película.
También se echa de menos la presencia y los diálogos chispeantes de los piratas Pintel (Lee Arenberg) y Ragetti (Mackenzie Crook), que le daban un no sé qué surrealista tirando a patético a la saga, tipo lo que ofrecían en sus gags los cómicos Oliver Hardy y Stan Laurel, mejor conocidos como el gordo y el flaco, respectivamente.
A Penélope Cruz le dieron la ingrata misión de tratar de reemplazar a todos los ausentes y la ganadora del Oscar no da para tanto en una película de acción, que de paso no es su género más fuerte como intérprete.
Encima, Penélope tiene pocas escenas relevantes, quizás porque estaba embarazada durante parte del rodaje, y lo que es peor, tiene cero química con Johnny Depp, aunque ambos se esfuerzan por odiarse y quererse por partes iguales.
El cambio del director tampoco ayuda. ¿En verdad alguien cree que Rob Marshall es útil cuando lo único valioso en su vida como cineasta es haber dirigido Chicago en 2002? ¿Cómo darle una franquicia al que ha hecho desastres en boletería como Memoirs of a Geisha (2005) y Nine (2009)?
Marshall brinda realismo y sobriedad a una trilogía que se había destacado por rozar muchas veces lo fantástico y el humor negro con resultados bastante óptimos. En esa materia, Gore Verbinski supo darle la energía necesaria a las tres primeras entregas de estos piratas tan postmodernos.
Lo de la tercera dimensión de esta cuarta cita con Jack es un robo a plena luz del día. Mientras que el final del filme invita a nuevas secuelas, que dependerán de la taquilla mundial que reciba una serie que hasta ahora ha sido lucrativa.

