La provocación era su símbolo más emblemático. Fue querido por colegas como Jean Cocteau y Jean Paul Sartre y odiado a rabiar por todo aquel que su humor ácido, su filosa prosa o su filiación ideológica (llegó a simpatizar con el fascismo alemán) o su condición homosexual le parecía una ofensa.
Así fue el poeta y dramaturgo Jean Genet, de quien hoy se celebra el centenario de nacimiento, que ocurrió en una ciudad de París, que cuando el autor de Los biombos vivía, tuvo una relación ambivalente con este polémico artista.
Su propia vida es toda una novela y por eso no sorprende que existan en el mercado editorial varias biografías sobre este creador abandonado por su madre, que nunca conoció a su padre y que desde pronto conoció la soledad, la incomprensión y las prisiones.
El autor de La criadas y El balcón, dos joyas de la dramaturgia universal, fue entregado por su madre a la asistencia pública cuando todavía el pequeño no cumplía un año de edad.
Fue en una de sus visitas forzadas a la cárcel cuando hizo su debut en el arte de escribir con el poemario Notre- Dame-des-Fleurs.
Desde entonces, las piezas de Jean Genet se concentraron en retratar a seres marginados y condenados a la pobreza, la prostitución, las drogas o la infelicidad.
Las cárceles como que le impulsaban su creatividad, pues en uno de sus ingresos tras las rejas concibió sus magistrales obras El milagro de la rosa y Santa María de las Flores.
El que fue abandonado por su madre encontró en la cárcel un sitio donde escribir varias de sus interesantes obras.

