Sudán, tierra milenaria y misteriosa ha estado marcada constantemente por el estigma de la esclavitud. Durante el siglo XIX, esta lacra social fue abolida en América, pero Africa del norte y el interior de los imperios africanos seguían padeciéndola. Desde 1856 el dominio británico-egipcio de Sudán había prohibido la trata de esclavos, pero esta continuó siendo efectiva en todos aquellos sitios del país donde la autoridad de gobierno no llegaba. Así fue hasta principios del siglo XX... y todavía hoy.La historia de esta semana tiene un principio trágico: el verdadero nombre de la protagonista se desconoce, su pueblo nativo se cree que fue Olgossa, en la región de Darfur, en el sur de Sudán, y el año de su nacimiento se supone es 1869. Pero el hecho es que Olgossa fue atacada por negreros en busca de esclavos, cuando Josefina, que era niña, estaba en el campo con sus padres. Su hermana había quedado en casa y fue raptada. Recuerdo cuánto lloró mamá y cuánto lloramos todos. Aquello era solo el comienzo de su brutal experiencia de la vida.Tenía 9 años cuando ella misma fue raptada, perdiendo para siempre el contacto con su pueblo y su familia. Estaba tan traumada que perdió la memoria de su nombre. Los secuestradores la llamaron Bakhita ("la afortunada"). Fue vendida 5 veces como esclava en los mercados árabes de El Obei y Khartoum. Intentó escapar varias veces, pero no lo consiguió. Su cuarto dueño, en Khartoum, la torturó. Tenía 13 años, cuando fue tatuada. Le realizaron 114 incisiones en su cuerpo y durante un mes le colocaron sal para evitar las infecciones. Sentía que iba a morir en cualquier momento, en especial cuando me colocaban la sal. Finalmente fue vendida a la familia del cónsul italiano, que la trató bien y la llevó consigo a Italia donde fue cedida a una familia amiga. Entonces Bakhita trabajó como mucama y niñera de su hija, Mimmina. Bakhita crió a la niña con devoción. Cuando Mimmina creció fue a estudiar con las Hijas de la Caridad, o "Hermanas Canosianas". Bakhita la acompañó y, gozosamente, escuchó por primera vez el Evangelio. Pasó el tiempo, y la madre de Mimmina quiso regresar al Sudán con Bakhita. Esta se negó. Ya tenía a Dios en su corazón, y manifestó su deseo de quedarse en Italia. La señora se sintió ofendida y la demandó ante la justicia, exigiendo el sometimiento de su propiedad. Ayudada por la superiora de las Hermanas Canosianas y por el cardenal de Venecia, Bakhita descubrió que la ley estaba de su lado: en Italia la esclavitud era ilegal. Siempre había sido libre allí.El 9 de enero de 1890 fue bautizada y tomó el nombre de Josefina Margarita Afortunada (Bakhita). Al descubrir su vocación religiosa, se hizo novicia de las hermanas de Canosa. Finalmente, en 1896, hizo sus votos religiosos. Bakhita se volvió famosa por su fe profunda y serena, y por su piedad. Vivió ambas guerras mundiales. Su fama de santidad se había expandido tanto en el pueblo de Schio, donde vivía, que se la invocó como protección contra las bombas. Ella le aseguró al pueblo que no caería ninguna sobre ellos, y su promesa se cumplió. En sus últimos años enfermó y no podía abandonar la silla de ruedas. Un obispo, al visitarla le preguntó que hacía todo el día en su silla de ruedas, ella respondió: "¿Qué es lo que hago? Exactamente lo mismo que usted: la voluntad de Dios".En medio de su sufrimiento, volvió a recordar sus terribles experiencias como esclava de nuevo, y se sabe que decía a la enfermera que la cuidaba en sus últimos momentos: "¡Por favor, desatadme las cadenas...es demasiado!" Cuando murió el 8 de febrero de 1947 en Schio, sus últimas palabras fueron tan sólo Madonna! Madonna! El 1 de octubre del año 2000 fue canonizada por Juan Pablo II, con gran regocijo de sus hermanas religiosas italianas que la llaman Nostra Matre Moretta (Nuestra Madre Negra). Su ejemplo, señaló el Papa, recuerda al mundo la exigencia de trabajar para liberar a las mujeres de la opresión y de la violencia. Esto es de tener en cuenta en estos momentos en que Sudán sufre los estragos de una larga guerra civil (con las violencias y abusos de toda guerra) y además cuando se ejerce el sometimiento y la esclavización de cristianos: más de 200 mil esclavos católicos capturados en el sur del país y vendidos en el norte, con la complicidad de un gobierno hostil, situación denunciada por el obispo sudanés Max Gassis (La Razón, Roma).
Josefina: ¡basta de esclavitud!
21 sep 2002 - 05:00 AM
