Decir que “la guerra contra las drogas ha sido un fracaso mundial” se ha puesto de moda. Lo dicen tres ex presidentes latinoamericanos, lo repiten intelectuales de renombre y lo dice también la mayoría de los estadounidenses. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con la afirmación. Hay personas bien informadas con otra visión del asunto que pueden atestiguar instancias de éxito en esta “guerra”.
Tildarla de fracaso universal es una generalización exuberante e inverificable que requiere de una aclaración de términos y exige una rigurosa revisión de la información pública sobre los efectos de las drogas, el manejo del ilícito negocio y las acciones de las autoridades para combatir su trasiego.
Cuando en México se habla de “La guerra contra las drogas”, la descripción es apropiada porque en las calles de algunas ciudades en México a diario se libran combates entre los distintos Carteles o entre las fuerzas armadas y los criminales.
En Estados Unidos la guerra en caliente casi no se nota. No porque no la haya sino porque en Los Ángeles, Atlanta o Laredo, no aparecen cuerpos descabezados colgados de los pies en los puentes de las calles como sucede en México. Y en las montañas de California no hay fumigaciones para erradicar cultivos como sucede en los países andinos. Las capturas masivas de los presuntos capos del crimen organizado se conducen con órdenes de aprehensión, generalmente sin violencia y sin que los acusados confiesen sus crímenes por televisión como sucede en México.
La estrategia actual contra las drogas parte de la premisa de que el consumo de enervantes es un problema de salud y por ello, dice el “Zar de las Drogas”, se enfatiza la prevención y el tratamiento aunque no se excluye la aplicación de la ley. En la práctica, el grueso del presupuesto se destina a combatir a consumidores y traficantes y solo una mínima parte a programas de prevención y tratamiento.
La semana pasada, en Bogotá, durante un foro para celebrar el centenario de la fundación del periódico El Tiempo, el ex presidente de Colombia César Gaviria y el ex canciller mexicano Jorge Castañeda presentaron sus argumentos para proponer un cambio al paradigma actual. Dijeron que la estrategia prohibicionista no disminuye el consumo; que causa estragos en América Latina; que propicia un gasto desmedido y que en vez de encontrar fórmulas para prevenir el consumo y ofrecerles tratamiento a quienes las usan responden encarcelándoles.
Pero no todo el mundo coincide con esta visión. Para el general Oscar Naranjo, director general de la Policía Nacional de Colombia, entrevistado en Bogotá, “la valoración de paradigmas usando cifras de producción y consumo como referentes deja de lado importantes valoraciones cualitativas. “Por ejemplo”, dice Naranjo, “el Plan Colombia hizo viable la gobernabilidad democrática y evitó que el país se convirtiera en un estado fallido”.
Para Gaviria y Castañeda lo inaceptable es que los países de América Latina sigan llevándose la peor parte y convocan a una conferencia internacional para explorar nuevos enfoques y estudiar alternativas, incluyendo, en el caso de Castañeda, la legalización de todas las drogas.
Yo también participé en el foro de El Tiempo y relaté las fallas colosales de las propuestas de legalización que se han hecho en California. Creo, dije, que repensar el tema del combate al narcotráfico sería justo y deseable. Pero estoy convencido de que las drogas hacen daño y por ello cualquier esquema de legalización tendría que excluir a las drogas “duras”, controlar rigurosamente a las “blandas” e incluir prohibiciones, por ejemplo, la venta a menores de edad, por lo que bajo cualquier estrategia nueva el mercado negro seguiría funcionando.
Y como me parece poco factible que en Estados Unidos se logre llegar a un consenso sobre la legalización de cualquier droga, incluyendo la marihuana, que hoy se vende “legalmente” en varios estados con fines “medicinales”, desafiando a la ley federal que prohíbe su venta con cualquier fin, concluyo que sin la participación del país en el que más drogas se consumen, el debate no irá a ninguna parte.