En 1530 Fray Tomás de Berlanga, cuarto obispo de Darién, hacía realidad su sueño de contar con el sitio ideal para ubicar la catedral de Panamá La Vieja. Cuatrocientos años después (1930), el panameño Samuel Lewis García de Paredes promovía un Patronato Municipal para recuperar el legado de Berlanga del abandono, el desamparo y la indolencia en que se encontraba.
La opulenta ciudad, fundada en 1519 por Pedrarias Dávila, era orgullo de la Corona Española, capital de tierra firme, residencia del gobierno, sede episcopal y vanguardia del comercio americano. En 1930 las ruinas, que una vez fueron las joyas del Pacífico, permanecían ocultas entre la enmarañada vegetación, los pantanos y los animales del monte.
Fue cuando Samuel Lewis García de Paredes decidió impulsar un patronato municipal, con el apoyo del alcalde José Agustín Cajar Escala y de un grupo de síndicos preocupados por el futuro del patrimonio histórico.
Después de limpiar el área, el patronato hizo un inventario de los monumentos. Con la ayuda de investigadores como Ernesto Castillero y Juan Antonio Susto se hicieron placas con la historia y descripción de los monumentos, sin embargo, el proceso de restauración no tuvo mayores avances. En 1954 el patronato interesado en fundar un museo colonial se opuso en vano a la construcción de un cuartel de la Guardia Nacional.


