Hay algo en el aire -me decía Yola Fegali, experimentada funcionaria diplomática- que me preocupa. No sé si es esta ligera incertidumbre lo que ha hecho que no estuviese completamente lleno el concierto de Emir Kusturica, en Beitedin.
En plena estación turística, con los visitantes de los ricos principados del Golfo o los libaneses que regresan a su patria desde los cuatro puntos cardinales, los festivales internacionales de Baalbek, de Beitedin, de Tiro, de Biblos atraen a miles de espectadores. Será este verano una excepción en Oriente Medio, donde el tiempo estival aviva bruscos estallidos armados?
El Ejército libanés anunció el desmantelamiento de una red “terrorista” que planeaba atentar contra las fuerzas de la Finul, destacadas en el sur del Líbano por la ONU en 1978 y reforzadas y ampliadas tras la guerra de Israel e Hizbulah de hace tres veranos, y contra el propio Ejército libanés. En un comunicado militar se informó de que los 10 miembros de la supuesta célula habían sido arrestados. Sin precisar la nacionalidad de los detenidos, dijeron que nueve de ellos son de países árabes vecinos y el décimo es de un país no árabe.
La detención llega tras un rosario de incidentes en la franja fronteriza con Israel que ha perturbado la indolencia del ambiente del verano. Primero fue una ocupación breve de los habitantes de un pueblo fronterizo de la posición militar israelí de Kfar Shuba, que protestaban por la ocupación de Israel de este territorio y de las granjas de Shebaa.
Después fue la explosión de un depósito de municiones perteneciente a Hizbulah, oculto en el poblado de Yerbe Selm, en una zona bajo la supervisión del contingente de las tropas de la Finul. La reacción del Gobierno israelí ante la ONU no se hizo esperar, calificando la explosión de flagrante y peligrosa violación de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad. Esta decisión fue adoptada al final de la guerra de 2006 para que la Finul asegurase el control de la frontera y capturase las armas en manos de las milicias. Más tarde hubo un enfrentamiento de lugareños de Yerbet Selm y una patrulla de soldados franceses reforzada por italianos, durante una misión de inspección en la que, como ya ha acontecido otras veces anteriores con los militares españoles, se proponían fotografiar, registrar viviendas habitadas, una de ellas por una mujer sola, en busca de armas.
El destacamento disparó un tiro al aire y en la refriega resultaron heridos a pedradas 14 soldados de la Finul. Los vecinos, que quemaron neumáticos en las calles, acusaron a los soldados extranjeros de haberles maltratados y agredido.
Es obvio que la misión de la Finul no es la de hacer de policía local ni reprimir a estos o aquellos libaneses, sino mantener la paz.
En una reunión de ulemas en Tiro, se ha acusado a la Finul de servir los intereses de Israel y no los de Líbano, y se ha pedido a sus soldados que pongan fin a las violaciones aéreas y terrestres cometidas por el Estado judío y que actúen imparcialmente en el sur.
Los militares de la ONU tratan de restablecer la confianza con la población civil que prevalecía en general hasta antes de la refriega. La Finul es, además, criticada siempre por Israel, que le echa en cara su apatía.
Es de una manifiesta ingenuidad que, por arte de birlibirloque, con la presencia reforzada de esta tropa vayan a derretirse los complejos problemas que se arrastran desde hace más de medio siglo en esta región del sur, llamada por los libaneses Yebel Amel.