[DESTRUCCIÓN ATÓMICA]

Libro sobre la bomba plantea dudas

Representantes del laboratorio de armas de Los Álamos, en Nuevo México, donde nació la bomba, dicen que no hubo ningún accidente ni fallas técnicas, como plantea el libro.

Un libro nuevo sobre la destrucción atómica de Hiroshima ha obtenido la aclamación de la crítica con las descripciones desgarradoras de los sobrevivientes, y James Cameron hará la película.

El último tren desde Hiroshima, publicado en enero por Henry Holt, también dice revelar un accidente secreto con la bomba atómica que mató a un estadounidense, irradió a otros y redujo enormemente su poder destructivo.

Sólo hay un problema. Esa sección del libro y otros detalles técnicos de la misión están basados en los recuerdos de Joseph Fuoco, a quien se presenta como un sustituto de último minuto en uno de los dos aviones de observación que escoltaron al Enola Gay.

Sin embargo, Fuoco, quien murió en 2008 a los 84 años y vivió en Westbury, Nueva York, nunca voló en esa misión ni sustituyó a James R. Corliss, el habitual ingeniero de vuelo del avión, dice su familia. Ella, junto con enojadas filas de científicos, historiadores y veteranos, denuncia al libro y llama impostor a Fuoco.

Al enfrentar la indignación y la evidencia de la familia Corliss, el autor, Charles Pellegrino, ahora reconoce que probablemente lo engañaron. En una entrevista reciente, dijo que volvería a escribir las secciones del libro de las ediciones rústica y extranjeras. “Estoy asombrado”, dijo Pellegrino. El tipo me caía bien y lo admiraba. Tenía muchísimos documentos y fotografías de todo”. “Se tiene que reparar el registro público”, agregó. “No puede salir la historia equivocada”, señaló. “Se tiene que corregir”.

Corliss murió en 1999, pero su familia preservó la evidencia documental de su participación en el vuelo histórico, incluida una medalla aérea del presidente Harry S. Truman. “Estamos tan consternados”, expresó Ethel D. Corliss, la viuda, en una entrevista. “Gracias a Dios que no está vivo. Estaba tan orgulloso”.

El B-29 sin nombre en el centro del estruendo voló como escolta en la misión del 6 de agosto de 1945, y fotografió la nube en forma de hongo. Según el libro, Fuoco fue el ingeniero de vuelo en el último minuto, cuando Corliss enfermó, e hizo observaciones detalladas de la destrucción de Hiroshima desde su lugar como ingeniero de vuelo del avión. No fue así, dicen los dos miembros sobrevivientes de la tripulación. El navegante Russel Gackenbach llamó a Corliss un buen amigo. “Podíamos darnos las manos desde mi asiento en el avión”, comentó en una entrevista. “No hay forma en esta tierra que Corliss no estuviera en esa misión”.

El libro subió al número 24 en la lista de narrativa no basada en la ficción del New York Times y Publishers Weekly lo elogió en una reseña como inteligente, informado y vertiginoso. The New York Times lo llamó “sobrio y fidedigno”.

El libro se centra principalmente en relatos de sobrevivientes, con los problemas por la bomba y el drama consiguiente. Da crédito a Fuoco por resolver un enigma secreto sobre lo que dijo fue un accidente con el arma contra Hiroshima, conocida como Niñito, cuando se preparaba en una base aérea en Tinian, una isla en el Pacífico occidental.

Una ráfaga de radiación mató a un joven científico, dice el libro, y el daño en el montaje del combustible nuclear redujo la potencia destructiva de la bomba a la mitad. En repetidas ocasiones, se la menciona como una “porquería” en el libro.

“Joe Fuoco unió todas las piezas del rompecabezas”, dijo Pellegrino en un comentario publicado en amazon.com. No obstante, las afirmaciones de Fuoco han molestado al laboratorio de armas de Los Álamos en Nuevo México, donde nació la bomba. Dice que no hubo ningún accidente ni fallas técnicas. Su explosión inicial mató a aproximadamente 70 mil personas.

Lo que dice el libro, señaló Alan Carr, el historiador oficial en Los Álamos, parece más una pieza dudosamente técnica de ficción que una interpretación histórica de hechos reales. “Este libro es un Toyota”, indicó Robert S. Norris, el autor de La carrera por la bomba, e historiador. “El editor debería retirarlo, emitir una disculpa y arreglar las partes que ponen en peligro a los registros públicos”.


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