[DESDE EUROPA]

Líderes naturales

En su rabieta por la pérdida del poder, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) ha cruzado una frontera peligrosa en España. La que lleva a considerar que existen formaciones políticas con legitimidad para gobernar mientras que otras, al margen de los pactos que puedan lograr en el parlamento, carecen de ella.

En un estado de derecho con régimen parlamentario, la única legitimidad que parecía darse es la que sale de las urnas una vez traducida en escaños. Para el PNV no es así. Existe, en palabras textuales de Ibarretxe, el presidente hasta ahora de Euskadi derrotado en las urnas, un líder natural en el País Vasco que coincide, claro es, con él mismo. Utilizó a tales efectos un plural –“somos el líder”, dijo– que suena de forma inevitable a mayestático. Una legitimidad no ganada en combate electoral sino poseída por naturaleza exige usar esos modos.

La figura no es nueva ni por asomo. De manera mucho más sutil, ese mismo discurso sustentaba la imagen que la formación equivalente del PNV en Cataluña, la Convergéncia i Unió de Jordi Pujol, tenía de sí misma. Pero los verdaderos antecedentes son mucho más lejanos. Se instalan en los primeros esbozos de la teoría política de Aristóteles, para quien la Polis existe por naturaleza y el hombre es un ser político también de manera natural. Pero si bien todos los hombres se distinguen de los animales porque hablan, solo los que viven en la Polis merecen ser considerados como humanos y no como bestias; solo ellos cuentan, pues, con la legitimidad necesaria para dotarse de autogobierno. Pero no todos los que viven en la Polis son ciudadanos; por naturaleza, no lo son ni los extranjeros, los metecos, ni los esclavos –las mujeres, inferiores al hombre, ni se consideran. Que el mismo Aristóteles fuese un meteco convierte en harto eficaz ese argumento de la legitimidad natural necesaria para el gobierno. Es tan poderosa ésta que incluso el autor que la refleja acata sus consecuencias demoledoras.

De acuerdo con esos argumentos, el nuevo presidente vasco. El socialista Patxi López, no cuenta con legitimidad para ser considerado ciudadano ni, por ende, líder de Euskadi. Nunca podría contar con ella, ni siquiera con el parlamento votándole por unanimidad como lehendakari, porque se trata de un asunto “natural” por contraposición a “político”. Ni con todos los votos del mundo cabría transformar en humano a un gusano.

Las consecuencias de semejante naturalización de la legitimidad política son fáciles de entender porque existen precedentes muy visibles, como los de no pocos nacionalismos esencialistas con el de Franco, por ejemplo, entre ellos. La zarzuela española que contamina hoy Euskadi, de nuevo en palabras textuales de otro líder natural, el presidente del PNV, Urkullu, es indeseable por su condición ilegítima y, más grave aún, contraria a la verdadera naturaleza. Es de sentido común lo que hay que hacer con tales desviaciones. De hecho, a ETA le ha faltado tiempo para proclamar que lo sabe.


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