[EXTRACTO]

Lucha por la sucesión paraliza China

Unos lo llaman “combate electoral a lo chino”, para otros es simplemente una lucha de poder que se corresponde más bien con el sistema no democrático en China. Tras las bambalinas de la sesión anual del Congreso del Pueblo en Beijing se libra una fuerte lucha en torno a la “quinta generación de dirigentes” que tomará el poder en dos años en China.

Los dos puestos más altos parecen ya decididos: el vicepresidente Xi Jinping se perfila como el nuevo jefe de Estado y partido, mientras el viceprimer ministro Li Keqiang asumirá probablemente la jefatura del Gobierno. Los dos se preparan ya para asumir sus nuevas funciones: Xi Jinping está viajando por el mundo, se ocupa de la política Exterior, dirige la escuela del partido y tiene voz en la cúpula del partido.

En cambio, Li Keqiang destacó menos en un principio como político económico, pero en enero sustituyó al jefe de Gobierno Wen Jiabao en el foro económico mundial de Davos, en Suiza, con una amplia repercusión mediática. “Hay que probar a los líderes”, dijo una fuente de alto rango del Gobierno que prefirió permanecer en el anonimato.

“Deben ser chinos firmes pero abiertos, porque tienen que tratar con el mundo”. Pero ¿qué ocurrirá si no superan las pruebas? Ya llamó la atención que el vicepresidente Xi Jinping no pudiera ser ascendido en septiembre de 2009, como todos esperaban, a la vicepresidencia de la Comisión Militar Central.

El cambio de poder “no es algo ya acordado”, advierte Cheng Li, del centro en China del think tank estadounidense Brookings. “En la política china podría aparecer alguien de fuera”, cree el profesor. Por eso debe prestarse más atención a los “potenciales retadores”.

Las estrellas políticas que están apareciendo en las provincias ya se disputan los escaños que quedarán libres en la Comisión permanente del Politburó, el principal órgano de poder en China. Especialmente se destacan Wang Yang, el jefe del partido de la provincia en auge de Guangdong, y Bo Xilai, el actual jefe de partido de la metrópoli de Chongqing, de 32 millones de habitantes.

Mientras los nuevos líderes se disputan el poder, las viejas facciones temen por su influencia y en un momento de crisis económica aún no superada, el país parece políticamente paralizado.

Hacia fuera se endurece una actitud nacionalista y poco disputa a compromisos, se quejan los diplomáticos. Nadie puede permitirse en este momento aparecer frente al exterior en una actitud condescendiente. “El cambio de poder pone a todos nerviosos”, comenta también el especialista en China de la asesora APCO, James McGregor.


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