Las amenazas y la represión contra los ecologistas siempre han existido. En Darién, en los años 80, la empresa Abe Latinamerica Inc., con personas ligadas a los militares, pretendía deforestar una gran parte de la selva, por ello, junto con la Asociación de Técnicos Forestales de Panamá (Anteforp), en unas de las primeras luchas ecologistas organizadas, denunciamos el hecho a nivel internacional, lo que frenó la grave deforestación en el área, pero un grupo numeroso de los forestales fue amenazado y luego destituido del antiguo Recursos Naturales Renovables (Renare) del MIDA. También denunciamos las maniobras militares conjuntas, entre las antiguas Fuerzas de Defensa y el ejército de Estados Unidos, en Azuero, que comportaba entrar al recién creado parque Cerro Olla, que logramos con el expresidente Jorge Illueca, por lo que recibimos amenazas del régimen militar.
Pero el ambiente no es solo la parte física y ecológica, es también la parte social y en fin todo lo que existe hace parte de la dimensión ambiental. Así tenemos que el sistema político y económico y sus personeros, en su afán de continuar con la explotación, sometimiento y corrupción, ha cometido toda una serie de daños ambientales, amenazas, represión, muerte y desaparición de personas. En la parte social del ambiente, tenemos el caso del padre Héctor Gallego, que luchó y organizó a los campesinos de Veraguas, para lograr una mejor calidad de vida. Hoy apoyamos a los compañeros de los pueblos originarios de Barro Blanco, donde tenemos delitos ambientales y de lesa humanidad demostrados, que hemos denunciado ante el Ministerio Público. Pero la represión está implícita en el sistema, no es necesario que te amenacen o te manden la policía a reprimirte, un ecologista debe luchar diariamente por su autonomía, porque la empresa privada y el Gobierno te cierran las puertas, por eso tenemos varias generaciones de ecologistas que han sido neutralizados, para poder subsistir en este sistema excluyente.
El sistema contaminado que tenemos no responde a la vida digna, así lo demuestran las más de 60 denuncias de crímenes ambientales que hemos interpuesto en los últimos años. Es un peligro y una amenaza para todos los seres vivos, en forma indiscriminada, causa destrucción, muerte y un gran daño a la calidad de vida de los panameños; basta ver la destrucción de los ríos, lagos, suelos, fauna, el mar, los humedales, la contaminación en las ciudades por las termoeléctricas, el ruido y vibraciones, que destruyen el ADN, los proyectos ilícitos, las pésimas condiciones del ambiente de trabajo, que amenazan seriamente la calidad de nuestras vidas.
Hace años propusimos un sistema biocrático, que responda a la vida digna y, por supuesto, nos solidarizamos hoy con la periodista Ligia Arriaga, luchadora firme del humedal Laguna de Matusagaratí en Darién, por las amenazas que ha recibido y exigimos todas las medidas de protección para ella, más cuando la historia de los países de América Latina está llena de amenazas y hasta muerte de ecologistas, que han dado su vida por defender el ambiente y la vida digna de sus pueblos.
