El gigante petrolero británico BP está en apuros: los accionistas esperan recibir sus dividendos, mientras los políticos quieren ver indemnizaciones para los afectados por la catástrofe medioambiental desencadenada por una plataforma de la firma en el golfo de México. Hay que encontrar una solución duradera al desastre petrolero y la cuenta seguirá creciendo durante años: se habla de entre 5 mil millones y 35 mil millones de dólares. BP intenta desesperadamente contentar a todos y mantener un buen nombre. Pero éste parece ya arruinado.
El presidente ejecutivo Tony Hayward tiene que hacer equilibrios: por un lado debe suavizar a los inversores con el pago de altos dividendos, pero por el otro esos anuncios ponen todavía más furiosos a defensores medioambientales, pescadores y políticos.
El presidente estadounidense, Barack Obama, también bajo presión por la crisis, dejó entrever una crítica a la petrolera: en su tercer viaje a la región afectada, acusó a ésta de querer gastarse 50 millones de dólares en publicidad en televisión y en pagar a los accionistas dividendos por más de 10 mil millones de dólares. “Lo que no quiero oír si gastan tanto dinero para algo así (...) es que miren cada céntimo para pagar a los pescadores y pequeños empresarios afectados aquí en el golfo” de México, dijo Obama, que consideró que BP tiene obligaciones legales y morales en el golfo de México. Y es que ya se vivieron los primeros problemas en el pago de indemnizaciones.
Hayward intentó el viernes calmar a los políticos y ganar el favor de los invesores al mismo tiempo con un llamamiento moral, al señalar que BP es consciente de sus obligaciones, pero que la lucha conta la marea negra tiene la más alta prioridad, dijo durante una conferencia telefónica convocada con ese fin. “Todos en la empresa están desesperados por lo ocurrido (...) No debería haber pasado y están decididos a aprender la lección para que no se repita”. Y un mensaje precavido a los accionistas: la lucha contra la catástrofe medioambiental avanza. Pero no se sabe si Hayward llegó a los inversores son sus apelaciones morales. Éstos más bien habían esperado saber si recibirían finalmente o no los anunciados dividendos, una decisión que ya se pospuso y que se tomará “conforme a la consideración de las circunstancias actuales”, dijo el jefe de la junta de administración, Carl–Henrik Svanberg.
El valor del consorcio se desplomó desde la explosión de la plataforma Deepwater Horizon el 20 de abril. Los inversores no deben preocuparse sin embargo sobre el futuro de su dinero, destacó Hayward. “Las consecuencias financieras de este suceso serán graves, pero BP es una empresa fuerte y ya pasó muchas tormentas”.
Las agencias de rating ya rebajaron la credibilidad crediticia de la empresa, una de las más rentables a nivel mundial. En el primer trimestre del año, el consorcio aumentó su superávit en un 138%, a 6 mil 200 millones de dólares, mientras el año pasado el beneficio fue de unos 16 mil 500 millones de dólares, y el anterior de 25 mil 600.
La empresa presentará más detalles sobre los costes de la catástrofe el 27 de junio al presentar sus resultados del segundo trimestre.